El sol empezaba otra vez a aparecer en este mundo, todos descansaban,
todos.
Leo despertó al oír un alboroto afuera en las calles. Rápidamente
recobró el sentido acerca de su posición y sin pensar en nada más, con un mal presentimiento corrió alarmado al cuarto de Siara. Esta dormía inconsciente y Leo soltó
un soplo de tranquilidad. Los ruidos en el exterior eran demasiado tremendos
para ser catalogados como nada, así que Leo se acercó a observar por la
ventana. Los Ceunch estaban por los alrededores quemando y destrozando todo a
su paso, y quitando vidas a su resolución. Leo se acercó a la cama para despertar
a Siara –eh- zarandeándola del brazo -despierta… Siara, Siara- Siara comenzó a
abrir lentamente los ojos -Vamos, tenemos que irnos- Siara comenzó a recobrar el
sentido acerca de dónde se encontraba, y vio a Leo al lado de su cama con una
expresión impaciente y preocupada en el rostro. Kimo irrumpió en la habitación
y Siara desvió su vista hacia él sin entender nada, en su rostro relucía la
alteración y en su mano cargaba el bolso de leo –Rápido, vamos fuera-. Leo levantó
a Siara quien aún no espabilaba completamente y la mantuvo firme a su lado
mientras Kimo les seguía detrás. Gorka, Saúl y Beñat ya los esperaban en la
entrada de la pensión, alertas para escoltarlos. Izan, Xavi, Eder y Dairon
intentaban mantener despejado el espacio luchando con los Ceunch que se
acercaban.
Siara sentía mucho miedo mientras bajaba las escaleras para llegar a
la entrada, ya que no entendía la gravedad de la situación ¿Por qué todos se
comportaban de una manera tan extraña? ¿Dónde estaban los demás? ¿Por qué
huían, de qué huían?
Al bajar, la gente que se albergaba en la pensión parecían inquietas y
asustadas deambulando por los espacios, indecisos si salir y correr o si
quedarse ocultos dentro de la estancia. Gorka con una expresión adusta en el
rostro se apresuró a acercarse a Leo y le explicó como estaba la situación en
el exterior, indicándole los lugares más accesibles para emprender el camino a
Oris. Estos salieron fuera y vieron con sus propios ojos el caos que se estaba
formando en la ciudad. Lealmente Gorka se ubicó delante de Leo y los demás para
guiarlos, abrirles el paso y protegerlos, decidido a proteger su fuerte ideal
acerca de llevar a cabo la causa. Gorka se recriminaba así mismo de no haber
estado más alerta, la situación se escapaba de sus manos y si eso pasaba sabía
que algo malo ocurriría. Lamentaba haberse distraído tanto.
Los primeros pasos habían sido seguros, Siara se sentía horrorizada de
ver personas heridas y presenciar como ardía la ciudad. Leo la sujetaba tan
firme a su lado y los hombres los escoltaban tan metódicamente, que no llegaba a
dimensionar el porqué la protegían tanto. Por el camino frente a ellos
aparecieron cinco hombres de apariencias temibles; grandes, robustos, con
miradas asesinas y vestidos con trajes que parecían ser elaborados de acero, lo
que les daba todavía un aspecto más feroz. Instantáneamente Izan, Xavi y Eder
cambiaron sus expresiones, adoptando unos rostros igual de temibles, y rodearon
a Leo y Siara en posición de lucha. Gorka, Kimo y los demás corrieron
feroces a enfrentar a los Ceunch.
Cuando se encontraron, los sonidos del acero chocando eran estimulantes.
Kimo sentía la sangre arder, y encolerizado sostuvo a un Ceunch del cuello
elevándolo para enterrarle un sable en el estómago, retirándolo insensiblemente. Soltó al
Ceunch para acercarse a Leo y guiarlos por otro camino y advirtió la presencia
de más Ceunch con intención de rodearlos. Su corazón latía acelerado y
empezó a preocuparse de que la situación se saliera de sus manos. Aunque los
primeros cinco Ceunch se encontraban muertos en el suelo, al menos unos veinte
hombres los rodeaban.
Los subordinados de Leo lo miraron esperando recibir una orden, y Leo
gritó –Hiuk-. Rápidamente el círculo que formaba Izan, Xavi y Eder, fue
cubierto por otro círculo formado por Gorka, Kimo, Saúl, Beñat y Dairon.
Comenzaron a moverse lo que la posición les permitía, sin perder la organización, en
dirección al fin del camino para adentrarse en la espesura del bosque. Los
Ceunch al no ser atacados primero procedieron a atacar. El calor era sofocante,
si no apagaban aquel incendio o llovía, los bosques quedarían destruidos.
Muchos Ceunch eran retenidos por el primer círculo de hombres mientras que unos
pocos lograban pasar al círculo más pequeño. Siara veía sangre por todos lados,
pero Leo no soltaba su mano y ella intentaba mantenerse lo más apegada que le
fuera posible a él, estaba tremendamente preocupada de ver caer uno de sus
raptores en vez de un grotesco y maldito Ceunch.
Gorka acababa de dar muerte a dos hombres con su espada y no había
percibido a un Ceunch que por detrás corría con un hacha para acabar con él, al
girarse y ver el hombre casi encima, con sus impresionantes reflejos giró hacia
el lado, logrando esquivarlo pero se desestabilizó, mientras el otro hombre
rápidamente recobró el dominio de su arma para finalizar con él.
Leo vio desde donde estaba lo complicado que estaba Gorka, y echó a
correr hacia él sin soltar ni por un momento a Siara. Mató a dos guerreros que
se cruzaron en su camino. Para ese momento el círculo ya había sido corrompido
y disuelto, entonces Leo tomó por la parte trasera del cuello al Ceunch que
intentaba acabar con Gorka, lo giró para verlo a la cara y lo mató. Al girarse
Gorka vio a Leo junto al cadáver del guerrero, sujetando a Siara a su lado quien
parecía aterrorizada, y una daga ensangrentada en la otra mano de Leo. El
hombre había sido degollado. –Vamos, necesito ayuda para llegar al final-.
Gorka se sintió agradecido, casi había muerto como un inútil antes de ver el
resultado de su lucha, y siguieron caminando a paso rápido hacia la entrada del
bosque mientras el resto continuaba luchando.
Izan se había caído al suelo y peleaba a golpes con un guerrero, desde
ahí sintió una extraña intuición al oír el llanto de varias mujeres mientras eran
arrastradas brutalmente, y vio a Atteneri con el rostro sangrando siendo
empujada entre el montón. Sintió una ira incontenible y alcanzó a sostener la
daga que iba directo a su pecho con sus manos, con mucha fuerza intentaba alejarla para poder
levantarse pero el otro hombre también con mucha fuerza intentaba llegar con el
cuchillo a su corazón, en unos segundos que parecieron eternos minutos con mucho
esfuerzo Izan logró alejar la daga, se giró en el piso para alejarse del
alcance del Ceunch y se levantó corriendo en dirección a la tropa de guerreros
que llevaba a Atteneri. Con sus dos dagas y un cálculo exacto logró eliminar a
dos distraídos Ceunch, pero quedaban dos más que al ver a sus compañeros
cayendo adoptaron una posición defensiva. Izan corrió como loco hacia los
guerreros que perdieron de vista a las mujeres, algunas se quedaron ahí por
miedo a desobedecer a los temibles Ceunch, pero otras corrieron creyendo que
tenían alguna posibilidad de librarse de un terrible destino. Atteneri no podía
dar crédito de lo que veían sus ojos, Izan estaba ahí para salvarla. Izan
luchaba hábilmente con ambos hombres pero se estaba viendo reducido ya que los
hombres intentaban ubicarse delante y detrás de él, hasta que lo lograron.
Atteneri corrió a sacar una de las dagas del cuerpo del muerto. Nerviosa, con
las manos temblorosas logró sacar la daga del guerrero que yacía en el piso, pero
en ese preciso instante el Ceunch amenazante la retuvo
sujetando con fuerza su mano libre, sin embargo su condición era demasiado
débil para lograr algo y Atteneri nerviosa y asustada le acuchilló con la daga. Al ser soltada corrió hacia donde se encontraba Izan y tomó por sorpresa a uno
de los Ceunch matándolo por la espalda. Izan acabó rápidamente con el otro y
vio a Atteneri sana y salva lo que lo hizo sentir tranquilo, decididamente se
acercó a ella y la sorprendió con un fuerte y protector abrazo. Aunque se
mantuvieron ahí por un corto tiempo, para él fue lo más gratificante y
tranquilo que había sentido nunca. Al separarse de ella, la tomó de una mano y
la llevó hacia uno de los extremos del pueblo ordenándole que se mantuviera
escondida hasta que los Ceunch se fueran. –Yo, no puedo quedarme, por favor sobrevive-,
Izan se acercó para abrazarla lo que podría ser la última vez, y ella le dijo
con una voz muy pesarosa -¿No puedes quedarte, por favor?-, Izan la besó en la
frente y no respondió nada a esas palabras, luego se despidió y corrió hacia
donde había dejado a sus compañeros para seguir el camino hacia Oris.
Llegando al límite del pueblo, Leo sabía que debía intentar a toda
costa mantener a Siara alejada de los guerreros por lo que le ordenó a Gorka informar
al resto de los hombres que se encontrarían en el fuerte de Oris. Luego de
decir esas palabras echó a correr con Siara detrás. El camino del bosque
parecía húmedo y oscuro, el día estaba nublado y se había puesto bochornoso con
el incendio, pero dentro del bosque parecía más frío. Siara solo podía oír el
sonido de sus respiraciones y podía percibir el latir de sus corazones, sentía
mucho pesar de haber dejado atrás al resto, ya que no sabía cómo resultaría el
final. Divisó a lo lejos una montaña que parecía plantada ahí de la nada, con
la altura de los árboles antes le había pasado desapercibida y cuando descansaba en
el pueblo despistadamente nunca la había notado, pensó que no tenían salida.
Una flecha hirió a Leo en el brazo pero este sin vacilar siguió
corriendo. Siara miró hacia atrás y vio a tres hombres que les seguían el paso.
Su corazón dio un vuelco y se aceleró mucho más, ante la expectativa de lo que
ocurriría; y volvió la vista para mirar a Leo conmovida de que siguiera
corriendo tan decidido. Leo rápidamente ocultó a Siara detrás de un árbol
concediéndose el tiempo de sacar la flecha de su brazo e inmediatamente corrió resuelto
a enfrentar a los hombres. Ellos lanzaban flechas y Leo hábilmente las esquivaba.
Siara quien observaba escondida tras el árbol se sentía maravillada ante la
habilidad de éste pero estaba aterrada de que pudiese ocurrirle algo, luego
obedientemente se mantuvo estática tras el árbol sin siquiera asomarse, no
quería ser un estorbo.
Al ver a Leo tan cerca y habiendo sido capaz de esquivar
todas las flechas, el Ceunch se vio reducido, por lo que sus manos se pusieron
torpes mientras intentaba cargar el arco, antes de que lo lograra Leo con
fuerza lo sujetó del cuello y lo golpeó cerca del corazón inmovilizándolo, los
otros se dispusieron a continuar lanzando flechas asustados de que se acercara
a ellos. Astutamente Leo utilizó como escudo al guerrero que había capturado,
pudiendo evadir las flechas y acercarse a los otros dos, pero antes de llegar
a enfrentarlos vio como estos eran
heridos por Kimo y Dairon quienes no lucían sus mejores expresiones. Kimo miró
a Leo con una media sonrisa asintiéndole con la cabeza y este le sonrió relajándose.
Leo caminó hacia donde estaba escondida Siara para avisarle que ya podía salir
de ahí. Cuando se aproximaba al árbol observó como Siara se asomaba
cautelosamente a espiar la situación y le pareció enternecedor verla
comportarse tan calmada a pesar de la expresión de preocupación y miedo que se
apreciaban en su rostro.
Siara al ver a Leo vivo y bien, salió impulsivamente
de detrás del árbol y corrió hacia él. Antes de que Leo pudiera imaginar el
porqué ella corría hacia él, esta se encontraba abrazándolo muy fuerte mientras
apoyaba su frente en su pecho. Siara se sentía muy dichosa de que Leo estuviese
vivo, no podía imaginar que sería de ella si a él le hubiera pasado algo, se
sentía tan segura cerca de él que ni siquiera había reparado en lo que estaba
haciendo, hasta que Leo bruscamente la apartó. -¿Qué crees que estás haciendo?
Jamás, nunca vuelvas a hacer algo como esto-. Siara pareció como si ni siquiera
le hubiese puesto atención a sus palabras y le tomó el brazo cuidadosamente
preguntándole por su herida. -¿Estás bien?- mientras intentaba ver de cerca la
herida -¿Es muy grave?- Leo la miraba fastidiado de que ella ni siquiera
prestara atención a sus palabras e intentaba alejar el brazo desconcertado por
su preocupación -Vamos a curarlo, primero que todo vamos a…- Leo la acalló y
severamente la reprendió por su forma irreflexiva de actuar -¿Quién eres tú
para preocuparte?, ni siquiera puedes protegerte tú misma, no tienes
habilidades y estás llena de miedos…- pensaba continuar pero al ver a los ojos a
Siara y verla tan apesadumbrada giró su cara molesto con él mismo de sentirse
mal por retarla, entonces solo le respondió adustamente –Me curaré yo mismo
cuando lleguemos a la cueva Minu- y se giró para ir a interrogar junto con Kimo
y Dairon a los dos Ceunch. Grata fue la sorpresa cuando divisó a lo lejos que
se aproximaban el resto de sus hombres con un rostro gozoso de victoria, de
todos modos no debían bajar la guardia ya que pronto tendrían más Ceunch tras
sus talones, y esta vez de seguro vendrían con refuerzos.
Lo que quedaba del recorrido hasta la montaña era muy corto, y con la
prisa que llevaban todavía se demoraron menos en alcanzarla. Siara miró hacia la
cima y su rostro expresaba con claridad lo difícil que consideraba escalar, pero
para su sorpresa todos comenzaron a caminar rodeando la montaña hasta que
llegaron a la entrada de una cueva.
La entrada de la cueva era grande; medía más de dos metros de altura y
de ancho unos quince pies, por dentro parecía la continuación del bosque, solo
que se notaba más musgoso y húmedo. Siara se preguntó qué tan lejos se
encontraría del lugar dónde recién había comenzado todo, ya que sentía que era
un lugar con demasiados cambios de relieves.
A medida que se fueron adentrando en la cueva ésta fue volviéndose
cada vez más hermosa y mística; el camino iba en pendiente hacia abajo para lo
cual el piso adoptaba forma de escalera hechas de tierra y rocas, y en los
alrededores habían unos hermosos y bajos árboles cubiertos con hermosas flores
pequeñas de color rojo. El piso se encontraba de igual manera lleno de estas
flores pero adoptando forma de enredaderas. A medida que bajaban, en el camino
comenzó a aparecer una pequeña vertiente y el suelo comenzó a parecer más
rocoso, fue ahí donde decidieron detenerse para que pudieran limpiar sus
heridas.
Siara no se había percatado y con lo sucedido probablemente nadie,
pero solo llevaba la ropa que en el pueblo había comprado como ropa interior.
No sabía que parte de su ropa cortar para poder limpiar a sus compañeros.
Eder y Xavi se levantaron del suelo después de escarbar en una pequeña
cavidad de la cueva y junto con ellos llevaban un baúl. Siara pudo comprender
que no eran los primeros, o la primera vez que andaban por esos lados. Del
interior del baúl los hombres sacaron algunas ropas limpias, algunos trastos,
medicina y vendas. Siara se acercó a ellos y se apoderó de los trastos más
grandes para luego diligentemente llenarlos con agua limpia de la vertiente. Sacó algunos paños limpios y comenzó a remojarlos para comenzar a distribuirlos entre los hombres.
Kimo y Gorka se encontraban sentados junto a Leo examinando la herida
de este y Siara los distrajo cuando llevó con ella los elementos de limpieza.
Siara se sentó entre ellos y halagandolos humildemente por sus increíbles
habilidades acomodó el trasto con agua en medio de ellos. Kimo y Gorka se
sintieron inflados de orgullo y contestaron con agradecimientos simuladamente
modestos y risas, antes de caer en cuenta de que se estaban comportando como
niños mientras eran adulados por Siara. Ante un silencio embarazoso se
sintieron extrañamente incómodos de estar entre Leo y Siara por lo que sin reparar
en lo que hacían se levantaron para dirigirse a conversar con el resto de sus
compañeros, dejando en una situación todavía más incómoda a Siara y Leo.
Leo se mantuvo inescrutable y no le prestó atención en absoluto pensando
en el estúpido comportamiento de sus hombres. Siara por primera vez se sintió
realmente inquieta e incómoda de estar junto a Leo, su corazón extrañamente
latía muy rápido. Después de haber visto a Leo corriendo herido solo para
protegerla, su corazón había comenzado a sacudirse pensando en él. Para cortar
el tenso ambiente que respiraban se acercó a Leo con un manojo de vendas en las
manos y quedó hincada frente a él -¿debería?- dejó la pregunta implícita
mientras le mostraba a Leo las vendas con una sonrisa tímida en el rostro. Leo
se las arrebató bruscamente de las manos y le hizo un gesto cansino con la
cabeza para que esta se alejara. No deseaba tenerla cerca, cada vez que la
tenía cerca se llenaba de dudas, se volvía frágil e inestable pensando en porqués,
eso no le gustaba. Pero para su sorpresa
Siara volvió a arrebatarle las vendas de las manos sujetando su brazo con tanta
decisión que pareció imposible cuestionarla. Leo observaba como un tonto la
concentración con la que Siara envolvía su brazo. Le llamaban profundamente la
atención el esmero, la fuerza y la pasión que ella le colocaba a todo lo que
hacía. Mientras tanto oía obligado la cantidad de cosas que ella hablaba
para él, para ella, para el aire, auto respondiéndose, hasta que terminó con
una sonrisa de satisfacción y orgullo –Listo, ahora estás bien-. Sus miradas se
encontraron por un corto lapso de tiempo, pero que se volvió eterno cuando
ninguno de los dos desvió la mirada. Siara mencionó para no sentirse tan
reducida ante su mirada -Gracias, por mantenerme a salvo…- bajó la cabeza. Leo
quedó desconcertado, ella inocentemente pensaba que él la protegía a toda
costa, cuando en el fondo solo la protegía para que llegado el momento preciso ella
tuviera que morir y él pudiera ser libre, -No lo agradezcas tanto- fue lo único
que se limitó a responder y se levantó dejando a Siara sola hincada en aquel
extremo de la cueva.
Una vez hubieron terminado de asearse y vendarse las heridas que
fueran necesarias, continuaron el camino. Siara estaba aburrida de que siempre
que caminaran tuvieran que ir en silencio y comenzó a conversarles a todos. -Ustedes,
¿conocen alguna historia de terror que ocurriera por estos lugares?- Todos se
mantuvieron inexpresivos. Después de lo ocurrido habían vuelto a adquirir la
seria postura de siempre. Siara no era una persona que se diera por vencida tan
fácil y comenzó ella –Yo oí que cada vez que uno se introduce en una cueva
existe el riesgo de que aparezca el espíritu del hombre que injustamente fue…-
Saúl la detuvo sutilmente tocándole el brazo, y todos se le quedaron viendo entre
burlescos e inescrupulosos. Siara se sintió complacida al notar que todos le
habían ido prestando atención. Gorka, incluso con su seriedad infalible no pudo
abstraerse de contestar –Me extraña que tú sepas historias de por acá, eso sí
que es extraño- Siara sintió vergüenza y tontamente comenzó a reír
justificándose de un modo muy infantil –Tal vez, yo solo pensé que podía
ser una historia real, creo haberlo escuchado… no es como si fuera a
inventarlo-. Xavi y Eder se animaron ante la conversación a narrar una historia
que habían oído en su pueblo natal. –Decían que después de que una mujer era
sacrificada…- Eder lo interrumpió –No era una mujer, eran las niñas-, Xavi lo
miró con desapruebo y le contestó –No hombre, eran mujeres, de veinte hacia
arriba, recuerda-. Fue muy cómico y hasta exasperante oírlos narrar, ya que no
terminaba uno de contar un trozo de la historia y el otro lo corregía tomando
la palabra y así sucesivamente, parecía como si nunca fueran a terminar.
Luego de que las tensiones parecieron disminuir, Siara comenzó a
observar la cueva disfrutando del silencio, y notó extraño a Izan. Estaba más
callado que lo habitual, como ausente. Y se acercó a este para preguntarle que
le pasaba, él amablemente negó con la cabeza a fin de aclarar que no pasaba
nada y Siara con su famoso instinto de mujer le dijo –¿Estás preocupado por
alguien?- Izan no pudo disimular una expresión turbada en su rostro ¿era tan
fácil de leer?, entonces Siara continuó –Sea quien sea debe estar bien, solo
debes prometerte que serás capaz de volver para encontrarte con esa persona y
comprobarlo, jurándote eso a ti mismo llegaras más rápido de lo que imaginas-
Izan se sonrió deseando que pudiera ser así y le agradeció con una honesta
sonrisa.
Al llegar la noche casi habían conseguido salir de la caverna, ya no
era tan mágica y hermosa, es más la vertiente poco a poco había ido aumentando
su volumen hasta que comenzó a subir en altura. El agua les llegaba a las
rodillas y a Siara un poco más arriba, ni siquiera podía verse el color de esta
o que había abajo ya que estaba oscuro. El agua seguía subiendo. Siara comenzó
a sentirse asustada puesto que ella no sabía en donde desembocaba esto, o hasta
donde terminaría cubriéndola el agua, o si habría enredaderas como las
anteriores, cada vez sentía más terror de seguir caminando. Caminó hacia donde
recordaba había estado Dairon que era el más cercano a ella y se aferró a este.
Dairon le sostuvo su mano con la de él para darle confianza y le conversó
acerca de a donde se dirigían, asegurándole que no era un lugar peligroso así
que debía mantenerse tranquila.
Leo que iba delante de todos asegurándose de
que el camino estuviese limpio y sin obstáculos se sintió incómodo al oír las
voces de Dairon y Siara tan juntas, pero apartó rápidamente esos estúpidos
sentimientos. Cuando ya quedaban unos pocos metros para salir de la cueva y con
el agua ya a la altura de la cintura, desde uno de los extremos de la cueva
saltó un guerrero y cayó en la espalda de Leo, entonces solo sintieron el grito
alentador del resto de guerreros.
Leo había recorrido todo el camino hasta ahí alerta, así que enseguida
el Ceunch saltó desde el extremo de la cueva, rápidamente se giró y lo sujetó
de los brazos lanzándolo al agua y quitándoselo de encima. El Ceunch le hirió entonces
una pierna y Leo bajó las manos al agua para sostener al Ceunch y darle una
paliza, el Ceunch intentaba defenderse pero Leo estaba ensañado y no parecía
que lo soltaría tan fácil.
Mientras tanto Dairon se apegó a uno de los extremos de la cueva con
el fin de cubrirse la espalda y mantener a salvo a Siara. La mayoría de los
hombres se mantuvieron luchando fijos en un radio próximo a su posición
inicial, ya que con la oscuridad podían herirse entre ellos mismos.
Saúl luchaba con tres hombres lo que le era muy dificultoso ya que el
agua le llegaba a la cintura y le obstaculizaba en demasía moverse, además de
la oscuridad que no le permitía notar los movimientos de sus oponentes. Uno de
los Ceunch lanzó su espada y por el sonido de esta Saúl alcanzó a esquivarla,
por lo que la espada recayó sobre el otro Ceunch, pero el tercer guerrero
también había realizado su ataque clavando su espada en su pecho. Al sentirse
herido de muerte decidió que no podía solo morir, sacó una de sus dagas desde
el pantalón y eliminó al Ceunch que lo había herido. Poseído por la adrenalina,
comenzó a moverse en dirección hacia donde recordaba estaba Beñat; blandiendo audazmente su espada y dando muerte a
varios Ceunch a su paso, incluso aunque estos lo herían. Cuando por fin llegó
frente a Beñat vio a tres Ceunch amenazándolo, a duras penas hirió a uno
mientras su espada se caía de su mano producto de la pérdida de su poder, el
Ceunch pensaba acabar con él pero sorpresivamente Saúl se quitó la espada que
yacía en su pecho y con un grito de furia lo mató. Beñat que ya había acabado
con los otros dos, caminó hasta posicionarse frente a él y lo sostuvo en sus
brazos. Saúl sintió lo impactado que estaba este con la muestra de su valor;
sintiéndose grandioso, entonces se rió con mucho esfuerzo y dolor mientras
salía sangre de su boca, hasta que finalmente murió en los brazos de su siempre
leal compañero. Beñat acongojado logró hacerse a un lado con el cadáver de su
amigo para esquivar el ataque de otro guerrero y furioso empuñó su espada dándole
la muerte inmediata.
Dairon protegía a Siara, sin embargo estando acorralado a la pared de
la cueva y con Siara como distracción se la hacía muy difícil mantenerse
sereno. Entre cinco guerreros lo tenían reducido. Dairon se alejó unos cuantos
pasos de Siara posicionándose en el centro de los guerreros y hábilmente
comenzó a dominar la situación. Primero utilizando sus sensibles sentidos auditivos
combinados con una dirección impecable y esquivando el ataque de sus oponentes
logró eliminar a dos Ceunch lanzando sus dagas. Luego maniobrando su
espada pudo dar muerte a otro pero
mientras lograba eso había sido herido en su brazo izquierdo perdiendo la
concentración. No alcanzó a tener el tiempo de dar importancia a la gravedad de
su herida ya que oyó como Siara gritaba mientras era atacada por un Ceunch.
Leo ya había acabado diestramente con los hombres que le oponían
resistencia y se acercaba a ayudar a sus compañeros. Con sus hábiles y bien entrenadas
capacidades sensoriales podía analizar la situación. Aún con la cantidad enorme
de guerreros Ceunch que habían rodeado la cueva podía asegurar que no debían ser
más que jóvenes e inexpertos guerreros ya que habían disminuido
considerablemente en cantidad. Aún así se sentía receloso con respecto a lo que
les esperaba fuera de la cueva; y ansioso de ver a sus hombres sanos y salvo.
Mientras caminaba a ciegas por el agua con la intención de encontrar a Siara,
escuchó a Izan pidiendo ayuda a alguno de sus compañeros. Izan se encontraba pegado a uno de los extremos de
la cueva y un guerrero sostenía la espada firmemente en su cuello, aunque Izan
intentaba con todas sus fuerzas quitarla el otro hombre también era muy fuerte
y estaba comenzando a cortar el cuello asomándose un pequeño fluido de sangre.
Leo caminó rápido hacia donde oía la trifulca, el agua se hacía más espesa ya
que algunos cuerpos estorbaban. Leo solo los hacía a un lado y
cuando llegó muy cerca de su compañero se puso a su lado tomando por sorpresa
al Ceunch quien bárbaramente sacó rápido la espada del cuello de Izan para
empuñársela a Leo, pero Leo más rápido la empuñó primero y lo mató. Los dos se
quedaron pegados a la pared respirando ya que la situación se volvía cada vez
más controlable e Izan le golpeo en el pecho a Leo a modo de agradecimiento, en
ese pequeño instante de relajo que disfrutaban oyeron a Siara gritar y la
preocupación de ambos fue instantánea.
Mientras caía en cuenta que todos sus compañeros morían uno de los
tres últimos Ceunch que quedaban vivos se abalanzó sobre Siara para llevar a
cabo la misión y matarla, incluso si no podían llevarla era mejor que estuviese
muerta, pero esta había alcanzado a hacerse a un lado justo cuando la espada
iba a herirla. Siara intentó huir en el corto tiempo que tenía mientras el
Ceunch recuperaba el control de su espada. Dairon desesperado intentaba dar
muerte a los dos guerreros pero sus adversarios eran bastantes diestros, a lo
que se le sumó Kimo. Siara decidió sumergirse en el agua por lo que el Ceunch
ni siquiera podía divisar su sombra. Con los nervios alterados Siara intentaba
nadar y espantada hacía a un lado los cuerpos de los demás guerreros. No quería
que llegara el momento en que tuviera que sacar la cabeza para tomar aire
porqué no tenía idea lo que se encontraría arriba, tampoco quería nadar en
ninguna dirección ya que no sabía hacia donde conducía el final de la cueva.
Leo rápidamente dio muerte al Ceunch que había osado de acercarse a Siara y
comenzó a mirar hacia los alrededores alterado por no poder verla en ninguna parte.
Con todos los oponentes muertos, Leo ordenó a sus hombres buscar a Siara en el
agua. Dairon se sentía muy culpable y triste de pensar que le había sucedido
algo a Siara y buscaba desesperado en el agua, haciendo a un lado el resto de
los cadáveres. Kimo comenzó a gritar el nombre de Siara mientras buscaba por
todo el borde de la cueva.
Siara es asida hacia la superficie por los hombros a través de la
ropa. Al salir comienza a gritar asustada y a intentar dar golpes con las manos,
muchos de los cuales dieron en el rostro de Leo tan suaves que daban vergüenza.
Al ver que estaba sana y salva no fue capaz de soltarla y la sujetó con más
fuerza y luego solo la soltó; aunque en su interior sintió una paz
atormentadora se limitó a decir totalmente despreocupado -Así que estás viva-.
Siara sintió como si el alma volviera a su cuerpo al oír la voz de Leo y quedó
estática en el lugar dónde él la había dejado entonces rompió en llanto, todos
los demás comenzaron a acercarse al escucharlos y se sintieron extraños e
incómodos al oír llorar a Siara. Beñat se acercó a Leo e informó que Saúl había
muerto a lo que Siara se puso a llorar aún más fuerte. Dairon pasó desde su
ubicación atrás hasta donde estaba Siara y la abrazó, generando una conmoción,
sin embargo nadie se atrevió a mencionar nada. Solo mantuvieron un largo
silencio de respeto por Saúl, envuelto por el llanto de Siara.
Con la pena de haber perdido a un compañero y la sensación de disgusto
de ver a Dairon abrazando a Siara. Leo se ubicó al lado de ellos y ordenó a sus
hombres avanzar, incluso si no sabían que les esperaba afuera de la cueva. Leo
no creía que fueran a haber más Ceunch en todo el camino ya que incluso con
varios refuerzos no serían tantos para derrotarlos.
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