jueves, 31 de marzo de 2016

CAPÍTULO 6

Al llegar al final del camino el cielo de la cueva era considerablemente más bajo, unos cuatro centímetros más elevado de la cabeza del más alto, y el agua les llegaba a la altura del pecho. Al salir de la cueva desembocaron en un lago que era rodeado por altos cerros. Tal como Leo había previsto, el sector estaba expedito.

Beñat y Kimo sacaron de sus bolsos unas cuerdas con ganchos en un extremo, y Kimo con su exclusiva fuerza las lanzó dejándolas bien clavadas a la cima. 

Leo y Gorka subieron primero que todos para verificar como se encontraba la situación. Dairon e Izan subirían de los últimos. Kimo pensó que Siara necesitaría más ayuda, pero solo tuvo que darle un pequeño empujón y esta ya estaba subiendo a través de la soga. Al llegar arriba Gorka la sostuvo de una mano y la ayudó a subir segura. Y así continuaron subiendo uno a uno hasta que los nueve estuvieron arriba.

Kimo se mantuvo al lado de Leo. Aprovechando el silencio que todos mantenían le habló –Supongo que Saúl es libre ahora- Leo lo miró y en sus ojos estaba reflejado lo atribulado que se sentía, después de todo durante muchos años Saúl había sido su divertida competencia directa, ellos cuatro habían sido alguna vez los únicos en confianza para conversar, practicar y molestar, lo que les había mantenido con ánimos. Kimo con el ánimo bajo le animó –Vamos, queda poco para llegar a Oris- Leo le sonrió condescendiente.  

Dairon caminaba junto a Siara. Este no comprendía que le sucedía, pero no sentía deseos de alejarse de ella, pensar que ella podía morir lo hacía sentir horrible. Si le recordaba a Malú o simplemente le gustaba su presencia no podía descifrarlo, sin embargo reconocía que sus deseos de mantenerla junto a él eran impropios ya que tarde o temprano debía entregarla de igual manera. Siara se sentía agradecida de que Dairon se diera el tiempo y el ánimo después de lo ocurrido de mantenerse junto a ella conversándole. –Yo, en el lugar que vivía, trabajaba en un restorán de comida rápida- Dairon mantuvo una expresión dubitativa por unos cuantos segundos, y Siara aunque triste rió cálida y divertida explicándole –Es igual que cualquier restorán pero hacen todo el tiempo el mismo tipo de comida, no tienen diferente menús, y las comidas son preparaciones fáciles, por ejemplo yo me disfrazaba de hamburguesa, y las hamburguesas se fríen en aceite, y se colocan en un pan…- Siara podría haber continuado con su historia pero se percató de que Dairon no comprendía lo que estaba diciendo y se sonrió, -Mejor cuéntame tú, ¿qué haces con tú vida?- Dairon se sintió perplejo ya que no tenía ninguna respuesta concreta para esa pregunta, de repente sintió que realmente no hacía nada con su vida, solo servir a Ulises. Siara se sintió incómoda de que él no tuviera nada que contestar, pero antes de que dijera nada Dairon contestó reflexivo –Mientras que algunas personas viven el día a día como tú, otros, dejamos ese día a día por algo concreto y obteniendo eso quedamos conformes como para entregar nuestras vidas- Siara se sintió deprimida ante esa respuesta ya que parecía tener un millón de matices, no podía imaginar que podría haber ocurrido en la vida de Dairon para que fuera capaz de dejar de vivir a cambio de algo. 
Siara le tocó el brazo de manera amable y le dio unos golpecitos en modo de cariño –Igual debes aprender a vivir Dairon, las personas vivas debemos vivir, ya que el mundo es para eso-.

Leo soltó un suspiro, se sentía inquieto de que Siara y Dairon caminaran tan cercanos, sin embargo no se atrevía a intervenir por posibles aprensiones que podían crear los demás. Además ya estaban en presencia del fuerte de Oris y solo quedaban unos cuantos pasos para llegar a la entrada. Siara dejó la conversación cuando presenció la entrada hacia el fuerte, quedó impresionada ante una imagen tan magnífica y majestuosa.

Las puertas del fuerte Oris se abrieron y a Siara le llamó la atención la cantidad de guardias que custodiaban la entrada. El fuerte en sí generaba respeto, este castillo hecho de piedras se encontraba rodeado de hermosos jardines que no parecían tener final, protegido por una gran cantidad de guerreros. Un hombre de alrededor cincuenta años salió a darles la bienvenida y a Siara le llamó la atención el asombro con el que la miraba el hombre. Leo carraspeó y pidió encontrarse con Gadel lo antes posible y el señor les hizo un además para que lo siguieran.

Por dentro el fuerte era fabuloso, al menos la sala de visitas. De los muros colgaban unos cuadros exóticos, también habían plantas y hermosos tapices. Siara se preguntaba quién podría vivir en un lugar tan hermoso. Al mirar hacia el pasillo que daba hacia los adentros de la gran mansión vio a una mujer detenida mirándolos fijamente. Habría sido imposible que pasara desapercibida la hermosura de la mujer, que debía tener aproximadamente unos veinticinco años. Esta era alta de cabello ondulado color castaño claro y de largo hasta los muslos, su test era pálida pero la hacía lucir elegante, sus ojos eran hermosos de color esmeralda sin embargo mostraban frialdad y severidad, toda su perfecta figura relucía aun más en ese bello vestido compuesto por una camisola con escote en V que cubría hasta los muslos echa de brillantes dorados y azules y cubierta por una falda larga desde la cadera hasta los tobillos de seda azul con un tajo en uno de los lados desde la cadera hasta el pie. Siara no podía quitar la vista de lo mucho que mostraba el vestido y lo hermosa que lucía aquella mujer, pero volvió en sí cuando oyó a Leo saludar –Señora Haridian, ha sido muy amable de honrarnos con su presencia-, el resto de los hombres procedió a realizar la misma reverencia. Haridian los honró con un breve saludo cortés y caminó curiosa hacia Siara sin quitarle los ojos de encima. Siara se sintió muy incómoda ante el estudio al que la sometía aquella mujer pero no encontraba educado llevarle la contra. Leo no se sintió cómodo al pensar en cómo debía sentirse Siara ante el escrutinio al que era sometida y antes de darse cuenta estaba caminando en su dirección. 

Siara sintió que alguien firme pero delicadamente la tomaba de un brazo colocándola segura detrás de él –Su esposo, ¿tardará mucho en honrarnos con su presencia?-. Siara se sintió muy augusto y protegida ante la presencia de Leo y se sujetó de sus prendas tímidamente, mientras que este se regañaba a sí mismo por no ser capaz de contenerse.

Kimo y Beñat no daban crédito a lo que Leo acababa de hacer, ni siquiera Haridian podía todavía recobrar su expresión severa en el rostro. Más bien parecía incrédula y pasaba su mirada de Leo a Siara repetitivamente como si intentara buscar una respuesta. Antes de responder, su esposo apareció en la puerta para contestar él mismo –Leo, has llegado- se acercó hasta ubicarse a su lado y le pasó un brazo por los hombros brindándole unos pequeños golpes de alegría -no sabes lo inquietos que estábamos esperando por ti- ve hacia el lado de Leo y nota la presencia de Siara quien sostenía a Leo de las ropas de su brazo lo que lo impresionó -así que esta es la muchacha-, se sonríe, -es más hermosa de lo que todos pensábamos- Leo se sintió incómodo ante ese comentario y no fue capaz de responder. Haridian sintió celos de la presencia de Siara -Querido, deberíamos ser atentos con nuestros huéspedes, dejemos que descansen, más tarde podemos proceder a presentarnos- Gadel pareció estar de acuerdo e hizo llamar a la servidumbre para que llevaran a los invitados a sus habitaciones.

Haridian llevó ella misma a Siara a su dormitorio lo que inquietó a Leo.

Camino a la habitación ninguna pronunció una sola palabra. Una vez adentro Haridian se mantuvo analizando a Siara, quien incluso si estaba incómoda no pudo disimular su expresión de asombro y alegría ante lo hermosa que era la habitación. –Fácilmente puedo ver que te gusta-, Siara volvió su vista hacia Haridian y le sonrió cordialmente –Es muy hermosa, no parece la habitación de un huésped- Haridian se sonrió altanera y contestó con un media sonrisa burlesca –Aprovéchala-, luego se dio la vuelta y se retiró de la habitación.

Al cerrar la puerta, aún sin soltar la manilla vio a Leo entrando en la habitación de al lado, este le dedicó una corta mirada y entró a su habitación. Haridian ardía en ira, no entendía por qué Leo debía dormir en el dormitorio continuo al de esa mujer y se apresuró a ir a la sala de estar de su marido. Gadel, al ver a Haridian irrumpir en su habitación supo enseguida cual era el motivo de su visita. -No deberíamos permitir que algunos de nuestros hombres durmiera cerca de esa mujer- Gadel cerró unos escritos que repasaba y se levantó para guardarlos dentro de un estante -Hasta cuando Haridian, después de ocho años se supone que lo olvidaras…- Haridian se sintió avergonzada y enojada y Gadel continuó caminando hacia ella -Todo debe ocurrir como debe ocurrir, nada pasa solo porque sí, niña tonta -le sostuvo el mentón con su mano y la miró conciliador -¿puedes entender eso?- Haridian sintió un tremendo pesar, jamás había estado conforme con el modo en que se desarrollaba su vida pero no fue capaz de responder nada, por lo que se limitó a besar en la mejilla a su esposo y sonreírle para luego salir de la habitación.

Leo se encontraba en su habitación pensando en cómo iba creciendo toda esta situación. Haridian había sido su único amor, al menos eso creía. Ella tenía solo un año menos que él, se habían conocido en el fuerte de Abar cuando ella tenía ocho años. A esa corta edad, ella y veinte niñas más fueron seleccionadas y llevadas al fuerte Abar para ser instruidas en las labores de la nobleza, ya que en un futuro serían tomadas como esposas de hombres importantes y debían conocer acerca de política, armas, y reglas de la sociedad. Leo y Haridian se habían conocido por casualidad en los alrededores del fuerte, recordaba muy bien cada detalle: él cazaba y le había dado a un Jarú, éste es un animal pequeño que de apariencia es muy lindo pero su carne es muy tierna para comer, entonces Haridian que deambulaba por los alrededores había comenzado a llorar reclamando por la vida del jarú, y Leo la había reprendido por andar deambulando por la zona de caza, ya que podría haberla herido. Unos días después Leo había capturado un Jarú y cuando tuvo la oportunidad de volver a ver a Haridian se lo regaló para que cuidara de él. Desde ese entonces él siempre se mantuvo cerca de ella cuidándola. A medida que fueron creciendo su amistad también, hasta el punto que Haridian se volvía cada vez más rebelde y quería desistir de su matrimonio con Gadel. A causa de esto fue severamente castigada a golpes. Aún con el amor que le sentía a Leo su miedo era más grande y accedió a realizar el matrimonio. Leo recordó la paz que sintió cuando ella aceptó, ya que no sabía cómo viviría pensando que ella pudiera morir por su culpa, pero una parte de él anhelaba que ella se mantuviera firme en su decisión ya que incluso a la muerte en ese entonces él la hubiese seguido. Antes de que ella se fuera del fuerte le hizo a Leo prometer que una vez que encontrara esa piedra le pediría a Ulises que la liberara y que la haría su mujer, y Leo desde ese momento había anhelado que ese día llegara pronto. Pero ahora todo parecía diferente, Haridian estaba más hermosa que nunca sin embargo no tenía espacio en sus preocupaciones para ella, al contrario, todo trataba acerca de Siara: Siara con sus reclamos, Siara con sus historias, Siara con sus preguntas, Siara con su carácter con y sin orgullo, sin rencores ni odios, demasiado amistosa; además de tener que centrarse en mantenerla a salvo para llevarla hasta el fuerte Moniel, dónde se encontraba Ulises. De repente entre tantos pensamientos se sintió asfixiado, se acercó a su mochila y en ella buscó una daga, quería jugar a lanzarla al blanco, pero se encontró con algo que capturó su atención: El Nimis que le había regalado Siara. Lo sacó y terminó por sacar la daga también, entonces salió de su habitación y caminó hacia la terraza que había al final de ese pasillo con el fin de tomar el aire fresco.

Leo se afirmó en el muro y comió del Nimis que le había obsequiado Siara. Su rostro no pudo mantenerse impasible, la sensación de regocijo afloró y sinceramente disfrutó de algo en paz. Kimo apareció en la terraza y se sonrió al ver a Leo disfrutando –Parece como que esa mujer puede leer los pensamientos de las personas-, Leo solo lo miró sin contestar nada y le ofreció del Nimis. Kimo comió solo un mordisco y se lo devolvió –Haridian, hoy lucía muy enojada, me temo que puede…- Leo suspiro cansino –Si, espero que ese no sea el caso- Kimo comentó lo ansioso que estaba de ver el desenlace de todo, qué sucedería con Siara, cuál sería el final de todos ellos, si serían capaces de lograr el objetivo, sin embargo se detuvo al notar que Leo parecía desanimado con el tema, parecía que éste ya no estaba totalmente seguro de querer ver el final de todo.

Al otro día, temprano en la mañana todos comían en la gran mesa de Gadel. La mesa estaba repleta de dulces manjares y exquisiteces de tal modo que todos los hombres de Leo parecían disfrutar mucho su mañana, pero Leo se encontraba distraído ya que Siara no bajaba a acompañarlos, incluso Haridian se sentía curiosa de que Siara no apareciera aún. Una de las mujeres de la servidumbre le informó a la señora que muy temprano el señor Gadel había acompañado a la señorita afuera para mostrarle los alrededores y los animales, lo que la tomó por sorpresa al igual que a Leo que repentinamente se levantó de la mesa agradeciendo cortésmente por la comida. 

Siara había disfrutado de una mañana muy placentera junto a Gadel, este tenía un carácter muy solemne para ser tan joven, apenas tenía treinta y siete años y parecía muy culto y dotado de habilidades. Gadel se había dedicado a enseñarle los alrededores y algunos animales de los cuales extraían leches o pieles, entre otras cosas, sin embargo los que llamaban más la atención de Siara eran los animales que cabalgaban los guerreros. Conversando simpáticamente Siara le había confesado a Gadel lo interesante que le parecía aprender a dominar el arte de la guerra, además de montar uno de esos extraños animales, a lo que Gadel había reaccionado asombrado y divertido accediendo a cumplirle a Siara algunos de sus deseos.  

Leo encontró a Gadel y a Siara cerca del campo de entrenamiento de montura y se detuvo para observar como éste intentaba montarla sobre un Meitu. Este era un animal tan alto como una persona, ancho y plomo, su piel era muy fría y dura y su cabeza igual de grande y ancha que su cuerpo. A leo no le agradó demasiado ver las manos de Gadel cerca del cuerpo de Siara y caminó hacia ellos. Siara se encontraba con el cuerpo a medio subir al Meitu y Gadel le sostenía los pies con sus manos para que ella pudiera acomodarse cuando fueron interrumpidos por Leo. Gadel pareció asombrado de ver a Leo, a la vez que un poco meditabundo y soltó a Siara quién quedó con el cuerpo a medio subir, esta dijo sin más interrumpiendo el silencio extraño que hubo por un corto y revelador momento –Alguien… podría ayudarme a subir-, Gadel se sonrió burlesco y sabiondo, y se retiró sin decir nada a lo que Leo no dio importancia acercándose a Siara para ayudarla a montar bien el animal.

Leo sujetó firme las cuerdas con que el animal era manejado y comenzó a caminar delante del animal guiándolo, con Siara arriba. Ambos iban en silencio y Siara no parecía disfrutar mucho de aquel paseo a lo que Leo consultó -¿Por qué llevas esa expresión? Para levantarte tan temprano, ¿no deberías estar feliz de montar un Meitu?- Siara suspiró y reconoció desilusionada que no era tan divertido como ella imaginaba a lo que Leo como respuesta detuvo el andar del animal. Siara pensó que lo había molestado y que el paseo acabaría de inmediato, sin embargo Leo se ubicó junto al animal y lo montó posicionándose detrás de ella. Leo se sintió inquieto de estar tan cerca de ella sin embargo también estaba cómodo y le advirtió –Sujétate firme- mientras la sostenía firme por el estómago acercándola a él. Siara asintió y sujetó la mano del brazo con el que Leo la sostenía sintiendo escalofríos al asimilar lo cerca que estaban. Entonces Leo puso a andar a toda velocidad al animal lo que la asustó. Siara continuaba con la cabeza gacha y los ojos cerrados y Leo se sonrió irónico, entonces intentó sosegar –Deberías mirar, no llevo en paseos a cualquiera- como respuesta Siara lentamente comenzó a levantar la vista y apreciar el paisaje, finalmente convencida por la exquisita sensación del viento acariciando su rostro levantó totalmente la cabeza y comenzó a reír limpiamente de entusiasmo, haciendo sentir a Leo alegre y satisfecho.

Al llegar a la cima de un monte Leo comenzó a disminuir la velocidad del animal para que pudieran observar lo glorioso que lucía Oris. Siara comenzó a comentar acerca de lo hermoso del lugar sin percatarse de que aún sostenía la mano de Leo, al caer en cuenta de que sostenía su mano comenzó a arrastrarla muy lento para quitarla disimuladamente y Leo la detuvo sujetando su mano. A Siara se le agitaron todos sus sentidos y quedó petrificada por un instante. Tímida y lentamente comenzó a girar su cabeza hacia Leo para ver su rostro y por unos segundos ambos permanecieron viéndose a los ojos. Siara comenzó a sentirse acalorada ante la mirada de Leo que arrogante y cauteloso recorría lentamente sus perfiles, perfiles que con el tiempo adquirían un color diferente para él, entonces Leo se vio amenazado por unos urgentes deseos de besarla. Siara estaba inmóvil y su corazón más agitado que nunca, en el fondo deseaba que él se atreviera a besarla ya que inconscientemente ese había sido su deseo casi desde el momento en que lo vio por primera vez. Leo soltó su mano bruscamente dejando a Siara desconcertada y en breve sin decir palabra alguna golpeó agitado al animal con los pies para regresar. Regresaron a toda velocidad al fuerte, Leo parecía cabalgar con furia totalmente inmerso en sus pensamientos. Siara no entendía porque él había reaccionado así, desde el momento que sujetó su mano hasta que bruscamente cambió de actitud, también reflexionó acerca de la sensación que Leo le provocaba. Por primera vez en su vida se sentía perfecta junto a alguien, estando junto  a él se sentía segura y feliz, tranquila y apasionada, sentía como se llenaba de vida a su lado y entonces comenzó a deprimirse pensando si era posible enamorarse de ese hombre.

Al llegar al fuerte, Leo bajó del animal y comenzó a caminar en dirección a la entrada sin dirigir ni una sola mirada o palabra a Siara. Siara no podía dar crédito de que la dejara sobre el Meitu sin siquiera preocuparse de ayudarla a bajar y murmuró para sí misma maldiciendo –claro… que hombre más caballero- y saltó abajo.

Gorka y Dairon vieron a Leo apresurado pasar por su lado y cuando volvieron la vista hacia el frente divisaron a Siara saltando del Meitu. Dairon corrió hacia Siara preocupado de que se hubiese hecho algún daño al saltar y Leo antes de entrar al fuerte dio una corta mirada en su dirección sintiéndose irritado por la atención que Dairon le prestaba a Siara.

-¿Estás bien?- Dairon sujetó amablemente el brazo de Siara para corroborar y Siara le respondió con una amable sonrisa. Gorka llegó junto a ellos y dándole al Meitu unas palmadas de orgullo le dijo a Siara –Veo que has aprendido a montar un Meitu, no es cosa fácil ¿eh?- Siara contestó modesta que ella no había hecho nada, sino que Leo la había llevado, Dairon se sintió un poco envidioso y le preguntó a Siara -¿Hay algo más que te gustaría aprender?- Siara miró hacia el cielo como si buscara ansiosa una respuesta hasta que alegre y motivada golpeó sus palmas y les respondió –Enséñenme a usar una espada o una daga- Gorka y Dairon parecieron un poco confusos, ambos se vieron y no parecían tener mayor problema así que accedieron, entonces Siara los tomó por sorpresa cuando los sostuvo a ambos por el brazo y comenzó a conversarles acerca de lo mucho que siempre había soñado con aprender a hacer cosas como esas, de lo sexy que le parecía que lucían las mujeres que sabían luchar y de la gloria… Ambos, Dairon y Gorka parecían no estar de acuerdo con Siara en varios puntos pero les parecía muy divertido y emocionante oírla conversar con tanto entusiasmo acerca de cosas que ellos siempre habían considerado tan triviales.

Leo acababa de entrar al fuerte y encontró a Gadel sentado en un sitial mientras leía, de seguro esperando por él. Caminó hacia Gadel y se ubicó a su lado manteniéndose silente ante la espera de lo que Gadel tenía por decir. Gadel continuó absorto en lo que leía por unos minutos y al terminar bajó el libro marcando la página en la que había quedado con una hoja que destilaba un aroma muy agradable, entonces se dispuso a mirar a Leo lo que de alguna forma y por algún motivo puso a este muy incómodo. Gadel se levantó del sitial, alcanzando a Leo en altura y le anunció en tono grave que debían conversar, invitándolo con un gesto de su brazo a pasar a su oficina. Sin objeciones y no con mucha curiosidad Leo caminó directo hacia el lugar.

Una vez adentro Gadel se dirigió hacia uno de los extremos de la habitación y de un mueble extrajo una botella que contenía un licor muy caro que era elaborado en sus propias tierras, ofreciéndole a Leo. Entonces procedió a hablar –Siara probablemente no sea la clase de persona que esperabas- suspiró incómodo y expresó un gesto de decepción con la boca -o que esperábamos. Su carácter si bien es todo lo que anunciamos… en persona es fascinante- clavó la mirada en el techo como quien debe dar la mala noticia -pero no debes olvidar que ella porta la última piedra Leo- clavó la mirada en Leo -así que debes mantenerte fiel a tus principios y a la causa- A Leo lo hizo sentir incómodo el tema, se sentía como si todos pensaran que reaccionaría como un niño caprichoso en vez de como el hombre que tras años de encierro y entrenamiento se había vuelto capaz e inteligente. También se sintió inseguro, ya que en su interior cabía la pequeña posibilidad de qué en verdad quisiera cambiar todo este destino. No se atrevió a contestar de ninguna manera y Gadel rehízo el ambiente liviano brindando por el hecho de que llegaran a Oris sin mayores inconvenientes.  

Siara estaba frente a frente con Gorka, ambos lucían muy concentrados mientras sostenían unas espadas hechas de madera. Gorka realizó el primer movimiento  y Siara lo evitó con bastante agilidad, sin embargo en recuperar la compostura fue lenta por lo que Gorka la dejó fuera del duelo enseguida. –Si fuera esta la vida real estarías muerta pequeña- y quitó su espada de la posición en dónde la tenía amenazada -Dairon entra- dijo Gorka y Siara le entregó su espada al nuevo competidor. Ambos lucían con exceso de confianza en sí mismos, Siara pensó que se demoraría mucho en volver a entrar al combate si ambos eran tan buenos como irradiaban sus egos, pero decidió que mientras tanto observaría y aprendería técnicas. Dairon hizo el primer movimiento y chocaron sus espadas, Gorka mantuvo su espada unida con la de Dairon haciendo fuerza para alejarlo, desestabilizarlo y dar el golpe pero Dairon ágil sacó su espada y se giró hacia el lado izquierdo desestabilizando a Gorka y dando el tiempo suficiente de que ambos volvieran al combate. Luego Gorka comenzó a atacar y Dairon esquivaba muy diestro los estoques, entonces Dairon cambió de posición de defensa a ataque. Mientras ambos luchaban comenzaron a llamar la atención de los demás, incluidos algunos cuidadores del fuerte; y comenzaron a vitoreas para dar ánimos. Finalmente Gorka venció a Dairon y este le dio un apretón de manos a modo de respetos. Luego los demás quisieron participar y toda la tarde hicieron juegos de enfrentamientos donde al final lucharían los mejores.

Siara se había divertido bastante pero le pareció inquietante ver y continuar viendo sin ser considerada en el juego, además que si era considerada no tendría ninguna posibilidad por lo que decidió entrar al fuerte para intentar convencer a las cocineras de que le dieran alguna delicia para comer. Mientras iba de camino a la cocina que quedaba en el fondo del fuerte oyó la voz de Leo venir desde un cuarto. Siara entró y apreció lo femenino de los colores con los que estaba pintada la habitación además de estar rodeada de hermosos cuadros y lienzos en blanco que parecían que pronto serían llenados de color. Caminó hacia la terraza del cuarto, que era desde donde provenía la voz con la intención de preguntarle si quería hacerle compañía, pero cuando casi llegaba a la cortina que dividía la estancia descubrió quien era la persona que conversaba con Leo y quedó atónita. Pensó en salir del cuarto enseguida pero algo la detuvo y se mantuvo inmóvil esperando con gran expectación a oír su conversación.

Haridian se encontraba sentada en una banca mientras que Leo disfrutaba la vista que ofrecía el horizonte apoyado en el medio muro que bordeaba la terraza. – Sabes que tengo una mascota ¿cierto?- Le preguntó Haridian, este la miró apacible contestándole –No, no sabía- Haridian se sonrió y con mucha nostalgia agregó –Es un Jarú- Leo pareció sorprendido y también se sonrió pero luego volvió a mirar hacia el horizonte –Ya Haridian... ¿No crees que es hora de dejar ir esos recuerdos?- Haridian se mantuvo silente por unos instantes mientras en su rostro se reflejaba amargura y preocupación, impulsiva se levantó de la banca y apretó el brazo de Leo para que éste se girara a mirarla -¿Qué, es hora de dejar ir? ¿Tú, estás bromeando en estos momentos? ¿Sabes cuánto he esperado por ti?- Haridian comenzó a llorar pero sus lágrimas no parecían llenas de tristeza sino más bien de rabia, Leo solo la observó y Haridian continuó -¿Es por ella?- Preguntó en un tono despectivo –Esa mujer que mientras ha estado viviendo y siendo feliz te ha mantenido preso durante casi treinta años- Leo intentó acallarla pero Haridian solo continuó –No recuerdas acaso, tú, que has sido brutalmente castigado, que te criaron solo como a un animal y peor, como si fueras una máquina que no merece nada y solo sirve para algo ¿Ya no odias a esa mujer?- intentando detener su llanto y llena de odio siguió –Pues deberías, porqué solo cuando ella muera tú empezarás a vivir- Le apretó el brazo más fuerte –Si piensas de otro modo serás tú quién muera, y de paso todos los que te siguen- Soltó su brazo con fuerza y continuó llorando pero este parecía un llanto realmente desdichado y decepcionado –Me lo prometiste, tú…- Antes de que dijese otra palabra Leo se le acercó con una sensación de peso en su interior y la abrazó consolándola –Basta, Haridian, yo sé lo que tengo que hacer- Haridian continuó llorando cabizbaja y Leo le brindó pequeños golpecitos en su espalda reconfortándola mientras en su interior se desataba una guerra de sentimientos que lo hacían sentir débil, confundido y desesperado.

Siara aún estaba inmóvil y en sus ojos afloraban lágrimas sin embargo estas no salían por la impresión, aún no procesaba por completo toda la información que acababa de oír, se llevó una mano a la boca como si la amargura fuera a salir desde allí y ella estuviese cerrándole la puerta, entonces miró hacia la terraza como si pudiera ver a través de las cortinas o como si esperara oír algo más y reaccionó saliendo tan rápido como pudiese del cuarto. Esta vez no caminó hacia la cocina sino hacia el exterior pensando que quizá un poco de aire fresco la haría reflexionar y apaciguar.

Kimo vio a Siara salir y la notó extraña, entonces imaginó que tal vez había discutido con Leo. Inmersa en sus pensamientos solo podía oír en su cabeza –Solo cuando ella muera tú empezaras a vivir, de otro modo serás tú quien morirá y los que te siguen- No entendía nada, qué clase de lugar era éste, porqué él si era mayor que ella había nacido para buscarla, si acaso sería verdad que él siempre había estado solo. Se sintió culpable del destino de Leo, incluso ahora podía entender porqué él siempre la trataba con tanto desdén. Izan se cruzó en el camino de Siara y al verla tan distraída la siguió -¿Siara? ¿Qué sucede?- Siara espabiló y tristemente le sonrió – ¿Estás bien? Te ves rara- Izan intentó sonsacarle a Siara el porqué de su triste expresión – ¿Es porqué no pudiste participar en el juego? Porqué si es por eso, tal vez yo podría al menos enseñarte a usar el arco- Siara no quería sonar pesada por lo que le contestó a Izan que sería espectacular aprender a usar el arco, entonces Izan le pidió que lo esperara mientras él iba por el arco. Siara quería retroceder un par de minutos atrás para borrar ese momento, esas palabras realmente la habían perturbado.

En instantes Izan y Siara practicaban. Izan le mostraba con él como ejemplo como se debía sostener el arco y la flecha, y luego lanzó dándole justo en el centro a un fruto que había conseguido como blanco. Siara intentó imitarlo pero en el primer intento la flecha cayó tal como si fuera una broma en sus pies, sin adquirir velocidad, solo se resbaló dejando a Izan incrédulo a causa de la poca habilidad que podía demostrar alguien para la lucha, Siara le sonrió y recogió la flecha –Tranquilo, tranquilo, intentaré otra vez- Y otra vez se acomodó en la posición que había aprendido de Izan pero obtuvo el mismo resultado, el rostro de Siara esta vez reflejó frustración pero de un modo muy cómico e infantil mientras se reprendía ella misma. Izan vio a Leo llegar y Leo soltó una risotada al ver lo mala que era Siara para hacer algo tan fácil, entonces Siara se giró y vio a Leo y le respondió molesta -¿De qué te ríes? Esto no es tan fácil como se ve- Leo caminó hacia ella le quitó el arco, recogió la flecha y disparó, acertando perfectamente en el fruto, y la vio altanero y burlesco. Siara le arrebató el arco y avergonzada se desquitó –Si, eres bueno Leo, pero tú has practicado mucho, casi toda una vida ¿no es cierto?- Leo quedó sorprendido por el repentino ataque de Siara y le pidió a Izan que le alcanzara otra flecha, entonces Izan se les acercó y le entregó una flecha a Leo –Leo, por favor no le dispares a Siara- Leo vio a Izan y le pareció divertido que se atreviera a bromear dándole un golpe conciliador en el brazo y amigable contestó –Tranquilo, al menos no pienso matarla- y Siara lo miró enojada y agregó a la oración de Leo –Aún-. No sabía por qué decía todas esas cosas sin sentido y que sin duda dejaban más que claro lo molesta que se sentía, ni siquiera entendía por qué estaba molesta si hasta hace poco estaba triste por Leo. Le arrancó a Leo la flecha de sus manos e intentó acomodarla otra vez en el arco, sin embargo sus manos se volvieron más torpes de lo habitual a causa de los nervios que sentía de ser ridiculizada en frente de él. Casi como si Leo pudiese leerle los pensamientos se movió ubicándose  más cerca de ella, y tal como la guió en el Meitu puso sus manos sobre las de ella para que estas recobraran su estabilidad y las ajustó en la posición correcta. –Debes hacerlo así- Siara podía sentir la cálida sensación que le producía oír a Leo y ya se sentía reconfortada -ahora cierra tu ojo izquierdo e intenta dar en el  centro del objeto que quieres alcanzar- Leo disfrutaba de la situación mientras que Izan veía un tanto incómodo -y entonces-, soltaron la flecha, –Sueltas- la flecha dio justo en el centro del fruto. Siara todavía no asociaba que lo había logrado, parecía tan sorprendida, por lo que leo la sacó de su ensimismamiento –Ves, ahora ya sabes- Siara se giró hacia donde Leo estaba parado y dijo -¿Lo hice?- Comenzó a reír y a saltar de la emoción –Lo hice ¡lo hice!- Leo e Izan parecían incómodos y divertidos ante el repentino ataque de felicidad de Siara –si por algo dicen que la tercera es la vencida- entonces leo la desafió –Bien ahora hazlo sola- Siara no se sintió segura de poder hacerlo ella sola e intentando evadir el desafío le contestó –Podría matarte, mejor no- Leo se sonrió y asintió como si accediera a dejar el desafío. Izan se levantó de donde estaba sentado interrumpiéndolos y les comentó que ya parecía ser hora de ir por algún bocadillo.

Todos descansaban ansiosos de que empezara el nuevo día para emprender el viaje camino a Moniel, sin embargo Leo se sentía inquieto y no podía dejar de dar vueltas en la cama pensando en el por qué de la vitalidad de llevar a Siara a Moniel, incluso de repente lo inundaban descabelladas ideas de si sería posible quitar la piedra de Siara y que ella quisiese quedarse ahí con él. Se levantó y decidió salir a despejar su cerebro por unos momentos. Al entrar al balcón vio a Siara hermosa en una camisola de dormir, el color blanco de esta la hacía lucir resplandeciente, y el satín provocaba que la camisa se adhiriera perfectamente a su cuerpo. Antes de que ella se percatase de su presencia él intentó retirarse pero fue demasiado tarde –Ah, estás aquí también- Leo se giró lentamente para mirarla entonces Siara prosiguió – ¿Tampoco podías dormir?- Leo asintió y caminó hacia ella -¿Qué veías tan atenta?- Siara apuntó al cielo –Noté que el cielo luce muy diferente que como luce en mi casa-, Leo se sonrió y Siara suspiró –Cuando te conocí pensé que nunca reías- Leo se sintió nervioso, dentro de sus propios recuerdos no habían ocasiones donde reír fuera cómodo y divertido pero no contestó nada, luego recobró su apariencia fría y se despidió cortésmente –Me retiro, buenas noches-. Mientras caminaba para entrar al pasillo Siara lo detuvo -¿Sabes Leo?- Leo se tensó, se sentía cálido escuchar su nombre saliendo de la boca de Siara –Yo siempre he sido feliz, sin importar qué…- Leo la interrumpió sospechando del origen de sus palabras y se giró cauteloso -¿Por qué sales con eso?- Siara lo miró a los ojos –Vivir… no significa hacer las cosas que uno quiera, por supuesto que alcanzar eso produce una gran satisfacción, pero vivir, es disfrutar con las cosas que si contamos en el presente- Siara echó un vistazo al lugar que los rodeaba –Como esto, comer, ver, respirar, con tan solo respirar yo he sido muy feliz- Leo le creyó, con soberbia pensaría que qué sabría ella de ser infeliz, pero bien sabía que ella no había deseado ser raptada y sin embargo siempre tenía una historia o una sonrisa para entregar, se sintió sofocado jamás en su vida había deseado tanto algo como la deseaba a ella –basta Siara, no tienes por qué decirme cosas como esas, no me interesan- nuevamente se giró e intentó llegar al pasillo pero antes de darse cuenta Siara lo retenía abrazándolo y afirmando la cabeza en su espalda –Tengo miedo de todo- Leo posó sus manos sobre las de ella y las apretó odiándose por tener que actuar según lo que era correcto luego de un momento las apartó bruscamente y le advirtió –Ese no es mi problema Siara, pronto ya no serás más mi problema- y se retiró de la estancia. Siara se sintió muy tonta por lo que había hecho, realmente había malentendido el corazón de Leo pero incluso así, ella hubiese deseado decirle lo que sentía ya que no soportaba esconder los sentimientos que surgían desde su corazón, realmente albergaba un miedo tremendo en sí, y se había hecho aún más grande después de oír la conversación entre Haridian y Leo.

Leo se sentó en su cama pensando en las palabras de Siara y sintiendo arder la piel por el abrazo con que Siara lo había retenido. Como solía hacer cerró sus manos en puños y mantuvo la respiración intentando lanzar lejos todos esos pensamientos desalentadores que lo abordaban y así poder encontrar calma, pero no pudo, sin duda volvería a pasar la noche en vela.

En la mañana Gadel los esperaba a todos sentado en la mesa con un sabroso festín para que se sirvieran un buen desayuno y pudieran continuar su camino. Uno a uno, comenzaron a aparecer. Finalmente Siara fue la última en ubicarse en su lugar. Nuevamente lucía un traje cómodo con el que viajar el cual había sido provisto por Haridian y era mucho más hermoso que el anterior. Un pantalón café con botas negras que llegaban a sus rodillas, una polera negra manga larga y holgada cubierta con una chaqueta sin mangas de color café la cual se amarraba con un cinturón. Siara se sentía bastante cómoda, la ropa era perfecta para circular por cualquier camino. Aunque muy en el fondo no podía marginar los nervios y la ansiedad que la invadían, pensar que otra vez saldrían del fuerte y sus raptores nuevamente estarían en peligro, eso la hacía sentir terror.

El desayuno fue incómodo, el ambiente estaba tenso y la persona que más solía hablar se encontraba angustiada por lo que no emitía palabra alguna. Sin embargo, como si nadie quisiera que acabara el momento todos comían muy lento, cada uno con diferentes ideas y pensamientos. Al terminar comenzaron a levantarse para ir en busca de sus armas.

Haridian acompaño a Siara a la entrada. Aunque por unos instantes ambas se mantuvieron silentes, Haridian decidió romper el hielo –Yo y mi marido los acompañaremos hasta el linde con el camino que los lleva a Moniel- Siara se sorprendió y se alegró también, si era así significaba que irían resguardados por parte de la guardia del fuerte y eso era sin duda gratificante. 

Los hombres tomaron sus posiciones y las puertas del fuerte comenzaron a abrirse para de una vez emprender el viaje. Bastantes hombres de la guardia iban sobre los Meitu, mientras que los hombres más importantes iban todos a pie rodeados por los que montaban. Siara como siempre se encontraba posicionada en el centro del grupo, le llamaba profundamente la atención ver que Haridian cabalgara en uno de los Meitu y aunque todavía se sintiera un poco celosa no podía dejar de encontrar que se veía espléndida.

A penas habían caminado un par de kilómetros cuando comenzó un gran alboroto. Su corazón se sintió como si se detuviera y su cuerpo se puso gélido. Del cielo cayeron lluvias de flechas con las cuales varios hombres de la guardia resultaron heridos, entre ellos también Xavi. Rápidamente levantaron sus escudos para protegerse de la lluvia de flechas pero desde las espesuras del bosque comenzaron a aparecer guerreros. Haridian golpeó al Meitu con los pies y echó a correr aniquilando con su sable a cuanto guerrero se le cruzara por delante.

Kimo mantenía a Siara cerca de si cubriéndola con su escudo. Leo luchaba con dos guerreros pero rápidamente analizó que estaban siendo sobrepasados, decidido corrió hacia donde estaba Siara –Sígueme- y la tomó de la mano echando a correr en dirección hacia Haridian. Dairon e Izan le cubrían la espalda mientras lanzaban flechas a los demás para mantenerlos alejados, y Kimo le ayudaba a dar abasto por delante. Haridian los vio aproblemados y con el Meitu llegó rápidamente donde ellos para pedir indicaciones, entonces Leo le ordenó –Saca a Siara de aquí, escóndase y no llamen la atención; y a penas disminuya un poco la tensión llévala de vuelta al fuerte y avisen a los demás- Haridian le ofreció la mano a Siara, pero antes de que esta la aceptara Leo la tomó por los hombros acaparando su atención y procedió a quitarse el abrigo que lo protegía del frío. Ante la vista atónita de todos tomó la prenda y la pasó por detrás de Siara asegurándose de abrocharle los botones, sin ser capaz de mirarla ni un momento a los ojos, luego le hizo el gesto para que ella montara. Siara se giró descorazonada y sujetó firme la mano de Haridian que parecía ausente y molesta, entonces Leo le dio un empujón para ayudarla a subir, y ambas desaparecieron de la vista de todos.

Haridian diestramente alcanzó a evitar unas cuantas flechas que intentaron detenerlas, pero más temprano que tarde tuvo que tomar la decisión de junto con Siara lanzarse del Meitu. La persecución hacia ellas era implacable, ambas rodaron unos cuantos metros por el suelo. Haridian se levantó rápidamente y ayudó a Siara a levantarse. Juntas corrieron hasta refugiarse entre unos de los arbustos que había en el camino. Haridian estaba muy agitada –Dios, no sé si podamos lograrlo- Siara miró desde los arbustos hasta donde se encontraban todos peleando –No alcanzamos a alejarnos nada, se ve todo desde aquí, ¿qué debemos hacer?-, Haridian vio y pensó en algo que le producía mucho desaliento –Tendremos que escondernos aquí hasta que esto pase, entonces veremos- Siara volvió a mirar por entre los arbustos y se sintió terrible pensando que vería morir a personas con las que esa misma mañana había compartido.

Xavi no podía hacer mucho con su hombro herido, a duras penas podía sostener un arma y Leo lo notó, entonces intentó mantenerse cerca de él para brindarle ayuda. En el fondo no se sentía preparado para perder a otro compañero. Gadel luchaba con mucho ímpetu, si todos se conservaban luchando con esa fuerza incluso podrían aspirar a ganar. La lucha se volvió incesante, varios muertos del ejercito de Gadel y muchos cadáveres Ceunch desparramados por todo el sector. Ya solo unos pocos se enfrentaban cara a cara, y Gadel había anunciado a sus hombres empezar a retroceder.

Gorka y Leo se encontraban junto a Xavi, pero entre cinco Ceunch los tenían rodeados. Gorka con su espada desestabilizó a dos Ceunch y Xavi se lanzó con todo enterrándole una daga al guerrero en el estomago, mientras que Gorka mataba al otro Ceunch. Leo estaba ahí dominando a tres de los guerreros, mató fácilmente a uno y logró desestabilizar a otros dos que fueron retenidos por Dairon y entonces de la nada Siara apareció.


Haridian y Siara estaban muy satisfechas de ver como se desenvolvía la batalla, sus hombres realmente tenían técnica y habilidad, e incluso un ejército de Ceunch, si era comparado con la guardia real de Ulises quedaba bajo. Desde su posición Siara advirtió a un hombre ubicado unos cuantos árboles más lejos, sosteniendo un arco y que intentaba fijar la punta directo a un blanco. Haridian también vio y su corazón comenzó a latir muy apresurado, ambas vieron hacia donde el Ceunch apuntaba su dirección. 

Haridian comenzó a sentirse sofocada, sin embargo no sabía cómo reaccionar. Salir significaría ser descubiertas, sería penalizada por no cuidar de Siara y tampoco quería morir de esa forma. Antes de darse cuenta Siara salía de entre los arbustos en dirección al camino donde se formaba la batalla. El Ceunch soltó la flecha y esta ya corría a toda velocidad, mientras que Leo lograba desestabilizar a los dos guerreros y estos eran requisados por Dairon. Leo oyó a Haridian gritar el nombre de Siara y extrañado giró su cabeza en sentido al lugar de origen del grito y vio a Siara muy cerca corriendo a toda velocidad, por instinto giró la vista hacia al frente y vio la flecha que venía en camino, pero ya era muy tarde Siara se interpuso entre la flecha y él. Leo quedó inmóvil, igual que Siara que abrió los ojos muy grandes y emitió un leve quejido cayendo en los brazos de Leo que incrédulo la sostenía. Todos quedaron estupefactos, desde los hombres de Ulises hasta los guerreros Ceunch, no lograban entender la situación, ¿Siara arriesgando su vida para proteger a Leo? Sin duda era muy extraño. Haridian confundida y alterada salió de entre los arbustos y corrió decidida hacia el guerrero que había lanzado la flecha degollándolo. Mientras Kimo, Gorka y Gadel fruncían sus ceños con tanta ira que muchos de los guerreros comenzaron a huir considerando que habían logrado su misión que era eliminar a Siara. Leo sostenía a Siara en el piso -¿Qué hiciste?, ¿por qué tú…?- Siara sentía mucho miedo de morir pero ver a Leo sano le producía una alegría inexplicable, en sus labios esbozó una sonrisa y levantó la mano para acariciar su rostro –Yo…- El dolor la inundó y se calló. Leo se sintió nervioso, pequeño y bajó la cabeza de impotencia y miedo. Siara bajó su mano y sostuvo la mano de él intentando trasmitirle confianza, entonces él volvió a llevarse la mano de ella al rostro y al igual que un niño inseguro mientras acariciaba su mano y la olía soltó lágrimas de tristeza, más bien de amor; y Siara dejó caer la mano entrando en un profundo sueño. 

El cielo comenzó a oscurecer y a tronar con tanto énfasis que pareció tétrico, la lluvia se desató furiosa lejos de la estación en la que normalmente los frecuentaba, los vientos comenzaron a crecer con tanta violencia que los árboles perdían parte de su follaje, los animales corrían a esconderse, entonces todos parecieron comprender porque Siara debía llegar sana y salva a Moniel. 

martes, 29 de marzo de 2016

CAPITULO 5

El sol empezaba otra vez a aparecer en este mundo, todos descansaban, todos.

Leo despertó al oír un alboroto afuera en las calles. Rápidamente recobró el sentido acerca de su posición y sin pensar en nada más, con un mal presentimiento corrió alarmado al cuarto de Siara. Esta dormía inconsciente y Leo soltó un soplo de tranquilidad. Los ruidos en el exterior eran demasiado tremendos para ser catalogados como nada, así que Leo se acercó a observar por la ventana. Los Ceunch estaban por los alrededores quemando y destrozando todo a su paso, y quitando vidas a su resolución. Leo se acercó a la cama para despertar a Siara –eh- zarandeándola del brazo -despierta… Siara, Siara- Siara comenzó a abrir lentamente los ojos -Vamos, tenemos que irnos- Siara comenzó a recobrar el sentido acerca de dónde se encontraba, y vio a Leo al lado de su cama con una expresión impaciente y preocupada en el rostro. Kimo irrumpió en la habitación y Siara desvió su vista hacia él sin entender nada, en su rostro relucía la alteración y en su mano cargaba el bolso de leo –Rápido, vamos fuera-. Leo levantó a Siara quien aún no espabilaba completamente y la mantuvo firme a su lado mientras Kimo les seguía detrás. Gorka, Saúl y Beñat ya los esperaban en la entrada de la pensión, alertas para escoltarlos. Izan, Xavi, Eder y Dairon intentaban mantener despejado el espacio luchando con los Ceunch que se acercaban.

Siara sentía mucho miedo mientras bajaba las escaleras para llegar a la entrada, ya que no entendía la gravedad de la situación ¿Por qué todos se comportaban de una manera tan extraña? ¿Dónde estaban los demás? ¿Por qué huían, de qué huían?

Al bajar, la gente que se albergaba en la pensión parecían inquietas y asustadas deambulando por los espacios, indecisos si salir y correr o si quedarse ocultos dentro de la estancia. Gorka con una expresión adusta en el rostro se apresuró a acercarse a Leo y le explicó como estaba la situación en el exterior, indicándole los lugares más accesibles para emprender el camino a Oris. Estos salieron fuera y vieron con sus propios ojos el caos que se estaba formando en la ciudad. Lealmente Gorka se ubicó delante de Leo y los demás para guiarlos, abrirles el paso y protegerlos, decidido a proteger su fuerte ideal acerca de llevar a cabo la causa. Gorka se recriminaba así mismo de no haber estado más alerta, la situación se escapaba de sus manos y si eso pasaba sabía que algo malo ocurriría. Lamentaba haberse distraído tanto.

Los primeros pasos habían sido seguros, Siara se sentía horrorizada de ver personas heridas y presenciar como ardía la ciudad. Leo la sujetaba tan firme a su lado y los hombres los escoltaban tan metódicamente, que no llegaba a dimensionar el porqué la protegían tanto. Por el camino frente a ellos aparecieron cinco hombres de apariencias temibles; grandes, robustos, con miradas asesinas y vestidos con trajes que parecían ser elaborados de acero, lo que les daba todavía un aspecto más feroz. Instantáneamente Izan, Xavi y Eder cambiaron sus expresiones, adoptando unos rostros igual de temibles, y rodearon a Leo y Siara en posición de lucha. Gorka, Kimo y los demás corrieron feroces a enfrentar a los Ceunch.

Cuando se encontraron, los sonidos del acero chocando eran estimulantes. Kimo sentía la sangre arder, y encolerizado sostuvo a un Ceunch del cuello elevándolo para enterrarle un sable en el estómago, retirándolo insensiblemente. Soltó al Ceunch para acercarse a Leo y guiarlos por otro camino y advirtió la presencia de más Ceunch con intención de rodearlos. Su corazón latía acelerado y empezó a preocuparse de que la situación se saliera de sus manos. Aunque los primeros cinco Ceunch se encontraban muertos en el suelo, al menos unos veinte hombres los rodeaban. 

Los subordinados de Leo lo miraron esperando recibir una orden, y Leo gritó –Hiuk-. Rápidamente el círculo que formaba Izan, Xavi y Eder, fue cubierto por otro círculo formado por Gorka, Kimo, Saúl, Beñat y Dairon. Comenzaron a moverse lo que la posición  les permitía, sin perder la organización, en dirección al fin del camino para adentrarse en la espesura del bosque. Los Ceunch al no ser atacados primero procedieron a atacar. El calor era sofocante, si no apagaban aquel incendio o llovía, los bosques quedarían destruidos. Muchos Ceunch eran retenidos por el primer círculo de hombres mientras que unos pocos lograban pasar al círculo más pequeño. Siara veía sangre por todos lados, pero Leo no soltaba su mano y ella intentaba mantenerse lo más apegada que le fuera posible a él, estaba tremendamente preocupada de ver caer uno de sus raptores en vez de un grotesco y maldito Ceunch.

Gorka acababa de dar muerte a dos hombres con su espada y no había percibido a un Ceunch que por detrás corría con un hacha para acabar con él, al girarse y ver el hombre casi encima, con sus impresionantes reflejos giró hacia el lado, logrando esquivarlo pero se desestabilizó, mientras el otro hombre rápidamente recobró el dominio de su arma para finalizar con él.

Leo vio desde donde estaba lo complicado que estaba Gorka, y echó a correr hacia él sin soltar ni por un momento a Siara. Mató a dos guerreros que se cruzaron en su camino. Para ese momento el círculo ya había sido corrompido y disuelto, entonces Leo tomó por la parte trasera del cuello al Ceunch que intentaba acabar con Gorka, lo giró para verlo a la cara y lo mató. Al girarse Gorka vio a Leo junto al cadáver del guerrero, sujetando a Siara a su lado quien parecía aterrorizada, y una daga ensangrentada en la otra mano de Leo. El hombre había sido degollado. –Vamos, necesito ayuda para llegar al final-. Gorka se sintió agradecido, casi había muerto como un inútil antes de ver el resultado de su lucha, y siguieron caminando a paso rápido hacia la entrada del bosque mientras el resto continuaba luchando.

Izan se había caído al suelo y peleaba a golpes con un guerrero, desde ahí sintió una extraña intuición al oír el llanto de varias mujeres mientras eran arrastradas brutalmente, y vio a Atteneri con el rostro sangrando siendo empujada entre el montón. Sintió una ira incontenible y alcanzó a sostener la daga que iba directo a su pecho con sus manos, con mucha fuerza intentaba alejarla para poder levantarse pero el otro hombre también con mucha fuerza intentaba llegar con el cuchillo a su corazón, en unos segundos que parecieron eternos minutos con mucho esfuerzo Izan logró alejar la daga, se giró en el piso para alejarse del alcance del Ceunch y se levantó corriendo en dirección a la tropa de guerreros que llevaba a Atteneri. Con sus dos dagas y un cálculo exacto logró eliminar a dos distraídos Ceunch, pero quedaban dos más que al ver a sus compañeros cayendo adoptaron una posición defensiva. Izan corrió como loco hacia los guerreros que perdieron de vista a las mujeres, algunas se quedaron ahí por miedo a desobedecer a los temibles Ceunch, pero otras corrieron creyendo que tenían alguna posibilidad de librarse de un terrible destino. Atteneri no podía dar crédito de lo que veían sus ojos, Izan estaba ahí para salvarla. Izan luchaba hábilmente con ambos hombres pero se estaba viendo reducido ya que los hombres intentaban ubicarse delante y detrás de él, hasta que lo lograron. Atteneri corrió a sacar una de las dagas del cuerpo del muerto. Nerviosa, con las manos temblorosas logró sacar la daga del guerrero que yacía en el piso, pero en ese preciso instante el Ceunch amenazante la retuvo sujetando con fuerza su mano libre, sin embargo su condición era demasiado débil para lograr algo y Atteneri nerviosa y asustada le acuchilló con la daga. Al ser soltada corrió hacia donde se encontraba Izan y tomó por sorpresa a uno de los Ceunch matándolo por la espalda. Izan acabó rápidamente con el otro y vio a Atteneri sana y salva lo que lo hizo sentir tranquilo, decididamente se acercó a ella y la sorprendió con un fuerte y protector abrazo. Aunque se mantuvieron ahí por un corto tiempo, para él fue lo más gratificante y tranquilo que había sentido nunca. Al separarse de ella, la tomó de una mano y la llevó hacia uno de los extremos del pueblo ordenándole que se mantuviera escondida hasta que los Ceunch se fueran. –Yo, no puedo quedarme, por favor sobrevive-, Izan se acercó para abrazarla lo que podría ser la última vez, y ella le dijo con una voz muy pesarosa -¿No puedes quedarte, por favor?-, Izan la besó en la frente y no respondió nada a esas palabras, luego se despidió y corrió hacia donde había dejado a sus compañeros para seguir el camino hacia Oris.

Llegando al límite del pueblo, Leo sabía que debía intentar a toda costa mantener a Siara alejada de los guerreros por lo que le ordenó a Gorka informar al resto de los hombres que se encontrarían en el fuerte de Oris. Luego de decir esas palabras echó a correr con Siara detrás. El camino del bosque parecía húmedo y oscuro, el día estaba nublado y se había puesto bochornoso con el incendio, pero dentro del bosque parecía más frío. Siara solo podía oír el sonido de sus respiraciones y podía percibir el latir de sus corazones, sentía mucho pesar de haber dejado atrás al resto, ya que no sabía cómo resultaría el final. Divisó a lo lejos una montaña que parecía plantada ahí de la nada, con la altura de los árboles antes le había pasado desapercibida y cuando descansaba en el pueblo despistadamente nunca la había notado, pensó que no tenían salida.

Una flecha hirió a Leo en el brazo pero este sin vacilar siguió corriendo. Siara miró hacia atrás y vio a tres hombres que les seguían el paso. Su corazón dio un vuelco y se aceleró mucho más, ante la expectativa de lo que ocurriría; y volvió la vista para mirar a Leo conmovida de que siguiera corriendo tan decidido. Leo rápidamente ocultó a Siara detrás de un árbol concediéndose el tiempo de sacar la flecha de su brazo e inmediatamente corrió resuelto a enfrentar a los hombres. Ellos lanzaban flechas y Leo hábilmente las esquivaba. Siara quien observaba escondida tras el árbol se sentía maravillada ante la habilidad de éste pero estaba aterrada de que pudiese ocurrirle algo, luego obedientemente se mantuvo estática tras el árbol sin siquiera asomarse, no quería ser un estorbo. 

Al ver a Leo tan cerca y habiendo sido capaz de esquivar todas las flechas, el Ceunch se vio reducido, por lo que sus manos se pusieron torpes mientras intentaba cargar el arco, antes de que lo lograra Leo con fuerza lo sujetó del cuello y lo golpeó cerca del corazón inmovilizándolo, los otros se dispusieron a continuar lanzando flechas asustados de que se acercara a ellos. Astutamente Leo utilizó como escudo al guerrero que había capturado, pudiendo evadir las flechas y acercarse a los otros dos, pero antes de llegar a  enfrentarlos vio como estos eran heridos por Kimo y Dairon quienes no lucían sus mejores expresiones. Kimo miró a Leo con una media sonrisa asintiéndole con la cabeza y este le sonrió relajándose. Leo caminó hacia donde estaba escondida Siara para avisarle que ya podía salir de ahí. Cuando se aproximaba al árbol observó como Siara se asomaba cautelosamente a espiar la situación y le pareció enternecedor verla comportarse tan calmada a pesar de la expresión de preocupación y miedo que se apreciaban en su rostro.

Siara al ver a Leo vivo y bien, salió impulsivamente de detrás del árbol y corrió hacia él. Antes de que Leo pudiera imaginar el porqué ella corría hacia él, esta se encontraba abrazándolo muy fuerte mientras apoyaba su frente en su pecho. Siara se sentía muy dichosa de que Leo estuviese vivo, no podía imaginar que sería de ella si a él le hubiera pasado algo, se sentía tan segura cerca de él que ni siquiera había reparado en lo que estaba haciendo, hasta que Leo bruscamente la apartó. -¿Qué crees que estás haciendo? Jamás, nunca vuelvas a hacer algo como esto-. Siara pareció como si ni siquiera le hubiese puesto atención a sus palabras y le tomó el brazo cuidadosamente preguntándole por su herida. -¿Estás bien?- mientras intentaba ver de cerca la herida -¿Es muy grave?- Leo la miraba fastidiado de que ella ni siquiera prestara atención a sus palabras e intentaba alejar el brazo desconcertado por su preocupación -Vamos a curarlo, primero que todo vamos a…- Leo la acalló y severamente la reprendió por su forma irreflexiva de actuar -¿Quién eres tú para preocuparte?, ni siquiera puedes protegerte tú misma, no tienes habilidades y estás llena de miedos…- pensaba continuar pero al ver a los ojos a Siara y verla tan apesadumbrada giró su cara molesto con él mismo de sentirse mal por retarla, entonces solo le respondió adustamente –Me curaré yo mismo cuando lleguemos a la cueva Minu- y se giró para ir a interrogar junto con Kimo y Dairon a los dos Ceunch. Grata fue la sorpresa cuando divisó a lo lejos que se aproximaban el resto de sus hombres con un rostro gozoso de victoria, de todos modos no debían bajar la guardia ya que pronto tendrían más Ceunch tras sus talones, y esta vez de seguro vendrían con refuerzos.

Lo que quedaba del recorrido hasta la montaña era muy corto, y con la prisa que llevaban todavía se demoraron menos en alcanzarla. Siara miró hacia la cima y su rostro expresaba con claridad lo difícil que consideraba escalar, pero para su sorpresa todos comenzaron a caminar rodeando la montaña hasta que llegaron a la entrada de una cueva.

La entrada de la cueva era grande; medía más de dos metros de altura y de ancho unos quince pies, por dentro parecía la continuación del bosque, solo que se notaba más musgoso y húmedo. Siara se preguntó qué tan lejos se encontraría del lugar dónde recién había comenzado todo, ya que sentía que era un lugar con demasiados cambios de relieves.

A medida que se fueron adentrando en la cueva ésta fue volviéndose cada vez más hermosa y mística; el camino iba en pendiente hacia abajo para lo cual el piso adoptaba forma de escalera hechas de tierra y rocas, y en los alrededores habían unos hermosos y bajos árboles cubiertos con hermosas flores pequeñas de color rojo. El piso se encontraba de igual manera lleno de estas flores pero adoptando forma de enredaderas. A medida que bajaban, en el camino comenzó a aparecer una pequeña vertiente y el suelo comenzó a parecer más rocoso, fue ahí donde decidieron detenerse para que pudieran limpiar sus heridas.

Siara no se había percatado y con lo sucedido probablemente nadie, pero solo llevaba la ropa que en el pueblo había comprado como ropa interior. No sabía que parte de su ropa cortar para poder limpiar a sus compañeros.

Eder y Xavi se levantaron del suelo después de escarbar en una pequeña cavidad de la cueva y junto con ellos llevaban un baúl. Siara pudo comprender que no eran los primeros, o la primera vez que andaban por esos lados. Del interior del baúl los hombres sacaron algunas ropas limpias, algunos trastos, medicina y vendas. Siara se acercó a ellos y se apoderó de los trastos más grandes para luego diligentemente llenarlos con agua limpia de la vertiente. Sacó algunos paños limpios y comenzó a remojarlos para comenzar a distribuirlos entre los hombres.

Kimo y Gorka se encontraban sentados junto a Leo examinando la herida de este y Siara los distrajo cuando llevó con ella los elementos de limpieza. Siara se sentó entre ellos y halagandolos humildemente por sus increíbles habilidades acomodó el trasto con agua en medio de ellos. Kimo y Gorka se sintieron inflados de orgullo y contestaron con agradecimientos simuladamente modestos y risas, antes de caer en cuenta de que se estaban comportando como niños mientras eran adulados por Siara. Ante un silencio embarazoso se sintieron extrañamente incómodos de estar entre Leo y Siara por lo que sin reparar en lo que hacían se levantaron para dirigirse a conversar con el resto de sus compañeros, dejando en una situación todavía más incómoda a Siara y Leo.

Leo se mantuvo inescrutable y no le prestó atención en absoluto pensando en el estúpido comportamiento de sus hombres. Siara por primera vez se sintió realmente inquieta e incómoda de estar junto a Leo, su corazón extrañamente latía muy rápido. Después de haber visto a Leo corriendo herido solo para protegerla, su corazón había comenzado a sacudirse pensando en él. Para cortar el tenso ambiente que respiraban se acercó a Leo con un manojo de vendas en las manos y quedó hincada frente a él -¿debería?- dejó la pregunta implícita mientras le mostraba a Leo las vendas con una sonrisa tímida en el rostro. Leo se las arrebató bruscamente de las manos y le hizo un gesto cansino con la cabeza para que esta se alejara. No deseaba tenerla cerca, cada vez que la tenía cerca se llenaba de dudas, se volvía frágil e inestable pensando en porqués, eso no le gustaba. Pero para su sorpresa Siara volvió a arrebatarle las vendas de las manos sujetando su brazo con tanta decisión que pareció imposible cuestionarla. Leo observaba como un tonto la concentración con la que Siara envolvía su brazo. Le llamaban profundamente la atención el esmero, la fuerza y la pasión que ella le colocaba a todo lo que hacía. Mientras tanto oía obligado la cantidad de cosas que ella hablaba para él, para ella, para el aire, auto respondiéndose, hasta que terminó con una sonrisa de satisfacción y orgullo –Listo, ahora estás bien-. Sus miradas se encontraron por un corto lapso de tiempo, pero que se volvió eterno cuando ninguno de los dos desvió la mirada. Siara mencionó para no sentirse tan reducida ante su mirada -Gracias, por mantenerme a salvo…- bajó la cabeza. Leo quedó desconcertado, ella inocentemente pensaba que él la protegía a toda costa, cuando en el fondo solo la protegía para que llegado el momento preciso ella tuviera que morir y él pudiera ser libre, -No lo agradezcas tanto- fue lo único que se limitó a responder y se levantó dejando a Siara sola hincada en aquel extremo de la cueva.

Una vez hubieron terminado de asearse y vendarse las heridas que fueran necesarias, continuaron el camino. Siara estaba aburrida de que siempre que caminaran tuvieran que ir en silencio y comenzó a conversarles a todos. -Ustedes, ¿conocen alguna historia de terror que ocurriera por estos lugares?- Todos se mantuvieron inexpresivos. Después de lo ocurrido habían vuelto a adquirir la seria postura de siempre. Siara no era una persona que se diera por vencida tan fácil y comenzó ella –Yo oí que cada vez que uno se introduce en una cueva existe el riesgo de que aparezca el espíritu del hombre que injustamente fue…- Saúl la detuvo sutilmente tocándole el brazo, y todos se le quedaron viendo entre burlescos e inescrupulosos. Siara se sintió complacida al notar que todos le habían ido prestando atención. Gorka, incluso con su seriedad infalible no pudo abstraerse de contestar –Me extraña que tú sepas historias de por acá, eso sí que es extraño- Siara sintió vergüenza y tontamente comenzó a reír justificándose de un modo muy infantil –Tal vez, yo solo pensé que podía ser una historia real, creo haberlo escuchado… no es como si fuera a inventarlo-. Xavi y Eder se animaron ante la conversación a narrar una historia que habían oído en su pueblo natal. –Decían que después de que una mujer era sacrificada…- Eder lo interrumpió –No era una mujer, eran las niñas-, Xavi lo miró con desapruebo y le contestó –No hombre, eran mujeres, de veinte hacia arriba, recuerda-. Fue muy cómico y hasta exasperante oírlos narrar, ya que no terminaba uno de contar un trozo de la historia y el otro lo corregía tomando la palabra y así sucesivamente, parecía como si nunca fueran a terminar.

Luego de que las tensiones parecieron disminuir, Siara comenzó a observar la cueva disfrutando del silencio, y notó extraño a Izan. Estaba más callado que lo habitual, como ausente. Y se acercó a este para preguntarle que le pasaba, él amablemente negó con la cabeza a fin de aclarar que no pasaba nada y Siara con su famoso instinto de mujer le dijo –¿Estás preocupado por alguien?- Izan no pudo disimular una expresión turbada en su rostro ¿era tan fácil de leer?, entonces Siara continuó –Sea quien sea debe estar bien, solo debes prometerte que serás capaz de volver para encontrarte con esa persona y comprobarlo, jurándote eso a ti mismo llegaras más rápido de lo que imaginas- Izan se sonrió deseando que pudiera ser así y le agradeció con una honesta sonrisa.

Al llegar la noche casi habían conseguido salir de la caverna, ya no era tan mágica y hermosa, es más la vertiente poco a poco había ido aumentando su volumen hasta que comenzó a subir en altura. El agua les llegaba a las rodillas y a Siara un poco más arriba, ni siquiera podía verse el color de esta o que había abajo ya que estaba oscuro. El agua seguía subiendo. Siara comenzó a sentirse asustada puesto que ella no sabía en donde desembocaba esto, o hasta donde terminaría cubriéndola el agua, o si habría enredaderas como las anteriores, cada vez sentía más terror de seguir caminando. Caminó hacia donde recordaba había estado Dairon que era el más cercano a ella y se aferró a este. Dairon le sostuvo su mano con la de él para darle confianza y le conversó acerca de a donde se dirigían, asegurándole que no era un lugar peligroso así que debía mantenerse tranquila.

Leo que iba delante de todos asegurándose de que el camino estuviese limpio y sin obstáculos se sintió incómodo al oír las voces de Dairon y Siara tan juntas, pero apartó rápidamente esos estúpidos sentimientos. Cuando ya quedaban unos pocos metros para salir de la cueva y con el agua ya a la altura de la cintura, desde uno de los extremos de la cueva saltó un guerrero y cayó en la espalda de Leo, entonces solo sintieron el grito alentador del resto de guerreros.

Leo había recorrido todo el camino hasta ahí alerta, así que enseguida el Ceunch saltó desde el extremo de la cueva, rápidamente se giró y lo sujetó de los brazos lanzándolo al agua y quitándoselo de encima. El Ceunch le hirió entonces una pierna y Leo bajó las manos al agua para sostener al Ceunch y darle una paliza, el Ceunch intentaba defenderse pero Leo estaba ensañado y no parecía que lo soltaría tan fácil.

Mientras tanto Dairon se apegó a uno de los extremos de la cueva con el fin de cubrirse la espalda y mantener a salvo a Siara. La mayoría de los hombres se mantuvieron luchando fijos en un radio próximo a su posición inicial, ya que con la oscuridad podían herirse entre ellos mismos.

Saúl luchaba con tres hombres lo que le era muy dificultoso ya que el agua le llegaba a la cintura y le obstaculizaba en demasía moverse, además de la oscuridad que no le permitía notar los movimientos de sus oponentes. Uno de los Ceunch lanzó su espada y por el sonido de esta Saúl alcanzó a esquivarla, por lo que la espada recayó sobre el otro Ceunch, pero el tercer guerrero también había realizado su ataque clavando su espada en su pecho. Al sentirse herido de muerte decidió que no podía solo morir, sacó una de sus dagas desde el pantalón y eliminó al Ceunch que lo había herido. Poseído por la adrenalina, comenzó a moverse en dirección hacia donde recordaba estaba Beñat; blandiendo audazmente su espada y dando muerte a varios Ceunch a su paso, incluso aunque estos lo herían. Cuando por fin llegó frente a Beñat vio a tres Ceunch amenazándolo, a duras penas hirió a uno mientras su espada se caía de su mano producto de la pérdida de su poder, el Ceunch pensaba acabar con él pero sorpresivamente Saúl se quitó la espada que yacía en su pecho y con un grito de furia lo mató. Beñat que ya había acabado con los otros dos, caminó hasta posicionarse frente a él y lo sostuvo en sus brazos. Saúl sintió lo impactado que estaba este con la muestra de su valor; sintiéndose grandioso, entonces se rió con mucho esfuerzo y dolor mientras salía sangre de su boca, hasta que finalmente murió en los brazos de su siempre leal compañero. Beñat acongojado logró hacerse a un lado con el cadáver de su amigo para esquivar el ataque de otro guerrero y furioso empuñó su espada dándole la muerte inmediata.

Dairon protegía a Siara, sin embargo estando acorralado a la pared de la cueva y con Siara como distracción se la hacía muy difícil mantenerse sereno. Entre cinco guerreros lo tenían reducido. Dairon se alejó unos cuantos pasos de Siara posicionándose en el centro de los guerreros y hábilmente comenzó a dominar la situación. Primero utilizando sus sensibles sentidos auditivos combinados con una dirección impecable y esquivando el ataque de sus oponentes logró eliminar a dos Ceunch lanzando sus dagas. Luego maniobrando su espada  pudo dar muerte a otro pero mientras lograba eso había sido herido en su brazo izquierdo perdiendo la concentración. No alcanzó a tener el tiempo de dar importancia a la gravedad de su herida ya que oyó como Siara gritaba mientras era atacada por un Ceunch.

Leo ya había acabado diestramente con los hombres que le oponían resistencia y se acercaba a ayudar a sus compañeros. Con sus hábiles y bien entrenadas capacidades sensoriales podía analizar la situación. Aún con la cantidad enorme de guerreros Ceunch que habían rodeado la cueva podía asegurar que no debían ser más que jóvenes e inexpertos guerreros ya que habían disminuido considerablemente en cantidad. Aún así se sentía receloso con respecto a lo que les esperaba fuera de la cueva; y ansioso de ver a sus hombres sanos y salvo. Mientras caminaba a ciegas por el agua con la intención de encontrar a Siara, escuchó a Izan pidiendo ayuda a alguno de sus compañeros. Izan  se encontraba pegado a uno de los extremos de la cueva y un guerrero sostenía la espada firmemente en su cuello, aunque Izan intentaba con todas sus fuerzas quitarla el otro hombre también era muy fuerte y estaba comenzando a cortar el cuello asomándose un pequeño fluido de sangre. Leo caminó rápido hacia donde oía la trifulca, el agua se hacía más espesa ya que algunos cuerpos estorbaban. Leo solo los hacía a un lado y cuando llegó muy cerca de su compañero se puso a su lado tomando por sorpresa al Ceunch quien bárbaramente sacó rápido la espada del cuello de Izan para empuñársela a Leo, pero Leo más rápido la empuñó primero y lo mató. Los dos se quedaron pegados a la pared respirando ya que la situación se volvía cada vez más controlable e Izan le golpeo en el pecho a Leo a modo de agradecimiento, en ese pequeño instante de relajo que disfrutaban oyeron a Siara gritar y la preocupación de ambos fue instantánea.

Mientras caía en cuenta que todos sus compañeros morían uno de los tres últimos Ceunch que quedaban vivos se abalanzó sobre Siara para llevar a cabo la misión y matarla, incluso si no podían llevarla era mejor que estuviese muerta, pero esta había alcanzado a hacerse a un lado justo cuando la espada iba a herirla. Siara intentó huir en el corto tiempo que tenía mientras el Ceunch recuperaba el control de su espada. Dairon desesperado intentaba dar muerte a los dos guerreros pero sus adversarios eran bastantes diestros, a lo que se le sumó Kimo. Siara decidió sumergirse en el agua por lo que el Ceunch ni siquiera podía divisar su sombra. Con los nervios alterados Siara intentaba nadar y espantada hacía a un lado los cuerpos de los demás guerreros. No quería que llegara el momento en que tuviera que sacar la cabeza para tomar aire porqué no tenía idea lo que se encontraría arriba, tampoco quería nadar en ninguna dirección ya que no sabía hacia donde conducía el final de la cueva. Leo rápidamente dio muerte al Ceunch que había osado de acercarse a Siara y comenzó a mirar hacia los alrededores alterado por no poder verla en ninguna parte. Con todos los oponentes muertos, Leo ordenó a sus hombres buscar a Siara en el agua. Dairon se sentía muy culpable y triste de pensar que le había sucedido algo a Siara y buscaba desesperado en el agua, haciendo a un lado el resto de los cadáveres. Kimo comenzó a gritar el nombre de Siara mientras buscaba por todo el borde de la cueva.

Siara es asida hacia la superficie por los hombros a través de la ropa. Al salir comienza a gritar asustada y a intentar dar golpes con las manos, muchos de los cuales dieron en el rostro de Leo tan suaves que daban vergüenza. Al ver que estaba sana y salva no fue capaz de soltarla y la sujetó con más fuerza y luego solo la soltó; aunque en su interior sintió una paz atormentadora se limitó a decir totalmente despreocupado -Así que estás viva-. Siara sintió como si el alma volviera a su cuerpo al oír la voz de Leo y quedó estática en el lugar dónde él la había dejado entonces rompió en llanto, todos los demás comenzaron a acercarse al escucharlos y se sintieron extraños e incómodos al oír llorar a Siara. Beñat se acercó a Leo e informó que Saúl había muerto a lo que Siara se puso a llorar aún más fuerte. Dairon pasó desde su ubicación atrás hasta donde estaba Siara y la abrazó, generando una conmoción, sin embargo nadie se atrevió a mencionar nada. Solo mantuvieron un largo silencio de respeto por Saúl, envuelto por el llanto de Siara.


Con la pena de haber perdido a un compañero y la sensación de disgusto de ver a Dairon abrazando a Siara. Leo se ubicó al lado de ellos y ordenó a sus hombres avanzar, incluso si no sabían que les esperaba afuera de la cueva. Leo no creía que fueran a haber más Ceunch en todo el camino ya que incluso con varios refuerzos no serían tantos para derrotarlos.