martes, 29 de diciembre de 2015

CAPÍTULO 1


Leo se encontraba recostado sobre su cama. A veces podía sentir como su corazón se agitaba de desesperación y rápidamente se desaceleraba, sobre todo en momentos donde las ansias lo llenaban. Había crecido rodeado por los cuatro muros de esa maldita habitación, siempre tan fría, tan vacía, tan similar a una prisión. Como solía hacer cerró sus manos en puños y mantuvo la respiración intentando lanzar lejos todos esos pensamientos desalentadores que lo abordaban y así poder encontrar calma, la inteligencia emocional era su mundo.

Después de todos esos indeseables años, al fin toda esta situación acabaría. Tal como Ulises había prometido, habría de liberarlo si cumplía con traer esa maldita piedra restante. Inmerso en sus pensamientos sintió como acomodaban el código para abrir la puerta de su habitación, entonces Marco entró y le indicó -Tú sección ya ha sido asignada y se encuentran preparados; con su cabeza indicó hacia las afueras; sal- . Miles de veces Leo había salido por esa puerta ya fuera a sus habituales entrenamientos, a sus actos diplomáticos con otras colonias y ciudades o a sus misiones otorgadas por Ulises, pero esta vez se sentía diferente. Casi podía sentir la libertad en el cuerpo lo cual lo hacía sentir sobreexcitado. Sentía como si no existiera nada que lo pudiera detener de llevar a cabo sus objetivos ya que él era sin duda el mejor.  

Al salir, Marco le hizo un gesto de cariño y puso su mano sobre su hombro -por fin muchacho, te lo dije todos estos años: tú felicidad futura depende de ti- Leo lo miró de reojo con su expresión normalmente fría -quítalo, sabes que...- Marco quitó el brazo y sonrió mirándose los pies -que odias que te toquen, lo sé, lo sé; no pudo reprimir un suspiro con una expresión indescifrable; ... mantente sano Leo- y Marco procedió a caminar delante de Leo llevándolo a la salida.

Al llegar afuera Kimo lo esperaba. Éste era un hombre de treinta y seis años de edad, diez años mayor que Leo y sin embargo su más leal compañero desde que éste tuvo doce años. Era a esa edad cuando Leo todavía se comportaba bastante rebelde con la causa. Su ira no era controlada, y siempre intentaba ir en contra de lo que se le ordenase o se le enseñase. Cuando Kimo llegó a los veintidós años, como castigo por su dócil y benévolo carácter le había sido encomendado someter el mismo a Leo a los castigos y después de haber realizado tan solo dos no había sido capaz de seguir castigándolo asumiendo todas las consecuencias que eso conllevaba. Incluso si Leo parecía insensible había dejado de comportarse fanfarronamente y había comenzado a admirar a Kimo por sus principios y su fuerza, el hecho de ser capaz de tomar una decisión y asumir todas las consecuencias, la fuerza con la que se podía defender y creer en algo. Poco a poco estos comenzaron a acoplarse adaptándose al sistema perspicazmente y después de dos o tres años les fue encomendado realizar peligrosas misiones e incluso actos de diplomacia, donde demostraron todo el potencial que tenían, logrando mejorar un poco su calidad de vida.

Kimo expuso con una sonrisa dibujada en el rostro -Todo está preparado-. Los nueve hombres que les acompañaban, desde compañeros de zona hasta hombres designados personalmente por Ulises vestían de negro y cubrían sus rostros, todos se encontraban armados con espadas, cuchillos, arcos y cargaban mochilas en la espalda con utensilios de necesidad básica.

Leo observó lo que durante veintiséis años había sido su hogar o más bien su cárcel. El lugar en el que llenó su corazón de odio e impotencia. Un lugar que incluso sin paredes que lo obligaran a quedarse lo había mantenido preso a causa de una sensación omnipresente de amenaza. Pero al fin había llegado la oportunidad a sus manos de no volver ahí nunca jamás.

De apariencia el lugar era sereno, una isla con dos caminos hacia otras islas, llena de cerros y valles con diferentes y extravagantes tipos de flora y fauna. Donde había aprendido a cazar, a pelear, a sobrevivir, dónde casi había muerto incontables veces en ataques de los Ceunch, los eternos opositores de Ulises y su causa. Finalmente destacaba el poderoso fuerte hecho de un acero grueso y con apariencia de laberinto, dónde se realizaban experimentos de los más crueles e inventaban cosas que no deberían existir, incluso magia había visto más de alguna vez.

Centró su vista en sus hombres y dijo a modo de arenga:- "Saben que esta misión es probablemente la más fácil que tendremos, sin embargo no lo tomen a la ligera. Después de esta victoriosa labor por fin seremos libres de elegir los caminos que siempre hayamos querido seguir y conseguir lo que siempre hayamos querido conseguir; pasó su mirada por todos sus hombres; seremos vencedores y ganadores"-, y todos los demás clamaron con estrépito. Entonces prosiguieron a caminar hacia donde el destino los enviaba.


Mientras estas personas se perdían a través de los bosques, islas, mares y tiempos, en la inmersa civilización llena de tecnologías y normas vivía Siara una mujer de 20 años que trabajaba para cuidar a su madre y a su prima. Su apariencia si bien no era una modelo de aquellas era bastante bella, al menos lo suficiente para tener muchos pretendientes. Su pelo era liso de largo hasta el busto y de un negro azabache que era difícil de comparar, su test no era ni morena ni blanca más bien de una mezcla que la hacía ver cálida, su boca era bien delineada y del grosor correcto, sus ojos almendrados de color café cubiertos por unas pestañas muy largas y espesas, y su figura, aunque ella no estaba conforme era lo suficientemente encantadora.

Su trabajo era bastante infantil, disfrazada de hamburguesa le hacía propaganda a un restorán de comida rápida. Aunque aquel trabajo parecía ridículo ante todos, para ella era muy divertido y novedoso y lograba distraerla del mundo problemático en el que vivía.

Como hacía habitualmente, una vez terminada su jornada laboral corrió a cambiarse a los camerinos para poder alcanzar a cenar con su familia. Mateo la esperaba en el pasillo nuevamente. Siara estaba realmente aburrida de esa situación ¿cómo le podía hacer entender que lo de ellos ya había acabado? Habían tenido una relación de un año pero como siempre Siara no se sintió a gusto. Aunque a veces sentía que necesitaba decir a gritos te amo, de una manera tan intensa que le afloraba por la piel, sabía que no era cualquier alguien. Creía ferviente y tontamente que tenía un destino, y sentía terror de no poder encontrarlo jamás. Mateo la detuvo con sus posesivas palabras -Siara por favor hablemos, tengo que hacerte entender cuanto te amo- Siara decidió seguir su camino como si no hubiera escuchado, esa situación la sobrepasaba y se sentía muy acosada. Mateo alterado la tomó de un brazo -escucha ¿porqué no entiendes, eres tonta?- Siara lo miró enojada -Basta, porqué no entiendes tú, ya deja de molestarme o si no tendremos que entendernos por otros medios- Mateo estaba indignado al punto que sin fijarse comenzó a apretarle el brazo con mucha fuerza -¿Me estás amenazando?- Siara intentó zafarse y justo en ese momento Joel, su jefe interfirió –Basta; le sujetó la mano con fuerza a Mateo y la sacó del brazo de Siara; sal de mi restorán y nos vuelvas más a este sitio si no quieres dormir en la comisaria- Mateo sintió miedo y vergüenza y lanzando a Siara una mirada resentida se fue.

Una vez que se hubo cambiado de ropa, Joel se ofreció a acompañarla hasta el lugar donde ella tomaba el autobús ya que estaba preocupado de que Mateo pudiera volver a aparecer. Mientras caminaban hacia el paradero se detuvieron a mirar un espectáculo en la plaza central que les había llamado la atención. Siara disimuladamente miraba entre el espectáculo y a su jefe al igual que una niña pequeña se deleita en una tienda de dulces. 

No era una novedad que su jefe fuera encantador, incluso se había permitido tener sueños de lo más extravagantes con él, sin embargo como siempre, por falta de motivación se rindió antes de comenzar, a pesar de que él evidentemente estaba interesado. Siara prefería deleitarse solo con esa clase de momentos que dejaban un sabor dulce en la boca y una inocente sensación de ternura. Inmersa en sus pensamientos no notó cuando el bailarín del espectáculo se le acercó para invitarla a participar. Joel pareció entretenido, la cara de Siara realmente brillaba cuando se sentía feliz o sorprendida y como siempre, tal y cual su carácter lo dictaba fue a bailar. La gente que admiraba el show comenzó a reír ya que Siara incluso si se movía bien era bastante deficiente con las coreografías o dejándose llevar por su pareja. Al terminar la pieza muy complacida volvió al lado de Joel y éstos siguieron su camino entre conversaciones y risas. 

Al despedirse expresó su gratitud a Joel de que se hubiera dado el tiempo de escoltarla hasta ahí y se subió al autobús para llevarle a su madre y a su prima Ami los dulces que tanto les gustaban después de la cena.

Ami estaba en el dormitorio del segundo piso terminando el informe que debía entregar al otro día. Miraba reiteradamente la hora ya que estaba muy preocupada de que fueran las 20:30 y Siara no llegara. Si bien Ami era dos años mayor que su prima, ambas se llevaban muy bien. Ami siempre había estado muy agradecida de la bondad y el apoyo de Siara. Cuando Siara salió del liceo había decidido trabajar para costear la carrera de Ami, considerando que Ami no había podido entrar a estudiar a la edad adecuada con el fin de tener más ingresos y poder mantener mejor a su familia. Siara para convencer a su prima había puesto como condición que a penas Ami comenzara a ejercer le ayudara a pagar su propia carrera, y después de eso había comenzado a lidiar con la mayoría de los gastos ya que incluso la pensión de la madre no aportaba mucho, pero incluso así las tres eran muy felices.

Mientras Ami imprimía su trabajo, su tía Javiera estaba calentando abajo la comida de ambas, por lo visto Siara tendría que comer después sola como castigo por llegar atrasada. En ese aspecto las tres eran muy estrictas, y por supuesto también lavaría todos los platos. Ami escuchó un ruido muy fuerte en el piso de abajo, que la sobresaltó, rápidamente subieron la escalera. Todo sucedía tan repentino que Ami no alcanzó a reaccionar, y a la habitación entraron tres tipos vestidos totalmente de negro que cubrían sus rostros. Ami sintió tanto miedo que solo se quedó ahí parada con el corazón latiendo tan rápido como podía. No sabía si callar o hablar, si correr, intentar atacar o simplemente quedarse quieta ¿qué le harían esas personas? Uno de los hombres caminó hacia ella y la sentó en la silla de un empujón, mientras que el otro sacaba de su mochila una cuerda para proceder a amarrarla -¿Quienes son ustedes? ¿Qué quieren?- Ami comenzó a hablar histérica y a decir cosas sin sentido nublada por el miedo  de que aquellos bastardos no se detuvieran. Violentamente por la puerta entró la madre de Siara empujada casi a rastras por otros dos hombres que la lanzaron prepotentemente junto a Ami. Ambas estaban muy asustadas y temían por su vida. La casa se encontraba completamente oscura y en la habitación el aire era tenso y aterrador, por primera vez en todos sus años de vida se veían sometidas a algo como esto.

Ami transpiraba de los nervios y comenzó a rezar rogando que su prima no llegara esa noche. En la puerta se detuvo un hombre alto, de pelo castaño, rasgos endurecidos y unos ojos fríos y grises como el color de las rocas. Inspiraba mucho miedo ya que parecía vacío. Las observó durante un instante y comentó ante todos que ellas no eran la que buscaban. Ami pensó lo peor: buscaban a Siara -Yo; comenzó a decir dubitativa; vivo sola con mi madre. De seguro que se han equivocado, no es aquí donde se encuentra la persona que están buscando; su voz se quebró; esto debe ser sin duda un error- bajó la cabeza y cerró los ojos dejando caer unas nerviosas lágrimas y deseando que todo aquello no fuera más que una pesadilla. Leo se acercó a ella y le sujetó el mentón –Tú ¿eres Siara?- Ami lo miró sorprendida y trató de revertir la expresión de asombro que sin duda la había delatado -¿Cómo sabes mi nombre?- Leo no pudo contener una sonrisa irónica y bruscamente soltó su mentón, por supuesto que ella no era, incluso Siara no sería tan bonita. En sus fotos se veía con una belleza bastante vulgar, nada fuera de lo común como Ami. Finalmente ordenó a sus hombres solo sentarse y esperar. La mente de Ami estaba nublada ya no sentía miedo por sí misma sino por su prima y de seguro tía Javiera compartía los mismos desgarradores pensamientos.

Siara iba caminando a pocas cuadras de su casa. Pensaba que hoy le tocaría lavar todos los platos y además de vez en cuando se distraía pensando en su jefe. Como siempre su mente vagaba pensando pequeñeces en vez de centrarse en cosas complicadas.

Al llegar fuera de su casa comenzó a buscar las llaves dentro de su bolso lo cual le pareció muy difícil con la cantidad de cosas que llevaba dentro, y cuando lo hubo logrado se dispuso a abrir la puerta diciéndose a ella misma que botaría todas las baratijas que llevaba dentro de la cartera para comprarse hermosos cachivaches, cosa que por supuesto era una dulce mentira. Mientras introducía la llave en la cerradura, le llamó la atención que estuviese todo en la casa apagado ya que eran recién las 21:30, no era tan tarde como para que ni siquiera la esperaran para conversar. Con bastante desconfianza y curiosidad abrió la puerta y todavía se preocupó más: las llaves estaban en la mesa de siempre, por lo que nadie había salido y sin duda su madre no hubiera dejado las ventanas abiertas antes de dormir o salir. Se detuvo un momento en la entrada con el corazón apesadumbrado y realizó una llamada para dejar constancia en la comisaria de que su casa lucía extraña y caso podían ir por allí a darse una vuelta de rutina. Para ellas eso era natural ya que aún después de cuatro años de que su padrastro se fuera, él las seguía acosando. Una vez que terminó la llamada cerró la puerta tras ella y dijo: -Mamá, Ami, llegué-

En el segundo piso, más exactamente en el dormitorio de Ami se oyó un ruido estruendoso y Siara olvidó toda clase de pensamientos. Preocupada subió corriendo con terror de encontrarse ante una situación horrorosa.

Mientras tanto Ami y Javiera se retorcían de impotencia por saber que ella acudiría en respuesta al sonido. Al abrir la puerta de golpe, un tipo grande, robusto y muy fuerte la cubrió con una capucha por lo que no alcanzó a ver lo que sucedía. Kimo se sintió en las nubes porque su misión estaba funcionando de maravilla al igual que Leo que se dio el lujo de mirar fijamente a Ami y burlarse -Más bien creo que era ella la que yo buscaba-. Siara se retorcía bajo la capucha y al escuchar esas palabras sintió un frío recorrerle el cuerpo, temiendo lo peor –Déjenlas idiotas, no les hagan nada, viene en camino la ley- a Kimo se le hacía bastante difícil sostenerla con esa escandalosa pataleta - no van a salir ilesos-, los hombres estaban observando sin saber cómo reaccionar ya que no recibían ordenes y a algunas cuadras divisaron acercándose una patrulla, -vienen en camino señor, a unas cuatro cuadras- Siara se seguía retorciendo. Leo se sintió molesto a causa del ingenio de esa mujer y de su fastidioso escándalo así que  caminó hacia ella y con su mano le golpeó el cuello dejándola instantáneamente inconsciente, -así será mucho más fácil llevárnosla- Uno de sus hombres preguntó diligentemente que hacían con las otras dos y Leo ante eso respondió benévolamente que no se les hiciera nada, que les sacaran las vendas de la boca y que las dejaran amarradas. Después de todo pronto los policías las desatarían y para ese momento ellos iban a estar fuera de su alcance.


Dos de sus hombres se encontraban en la ventana observando la situación y afirmaron con la cabeza anunciando que ese momento era adecuado para salir. Ami y Javiera gritaban de desesperación deseando que alguien las oyera y pusiera fin a esa pesadilla, ante sus ojos estaban raptando a su pequeña y alegre Siara, y ellas no podían hacer nada para salvarla. Antes de que Leo saltara por la ventana Javiera le advirtió en un tono muy grave y pesaroso: -usted sin duda pagará por esto- Leo se sonrió burlesco y se sintió enfadado pero se limitó a saltar. Kimo siguió cargando a Siara y después de saltar por algunos techos y correr ágilmente por algunas calles llegaron a la ubicación dónde cada ciertos ciclos se abría un hilo de tiempo en el espacio llevándote a otros mundos paralelos entre sí. Y perdiéndose lejos de toda aquella civilización cayeron nuevamente en las islas de Morrow. 

Al caer sintieron la arena húmeda en sus ropas y notaron que se encontraban en la orilla de la playa, por lo que tuvieron que caminar algunos metros para quedar más próximos a la selva en la que se adentrarían después de descansar esa noche. 

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