Al llegar al final del camino el cielo de la cueva era
considerablemente más bajo, unos cuatro centímetros más elevado de la cabeza del
más alto, y el agua les llegaba a la altura del pecho. Al salir de la cueva
desembocaron en un lago que era rodeado por altos cerros. Tal
como Leo había previsto, el sector estaba expedito.
Beñat y Kimo sacaron de sus bolsos unas cuerdas con ganchos en un extremo, y Kimo con su exclusiva fuerza las lanzó dejándolas bien clavadas a la cima.
Leo y Gorka subieron primero que todos para verificar como se encontraba la
situación. Dairon e Izan subirían de los últimos. Kimo pensó que Siara necesitaría
más ayuda, pero solo tuvo que darle un pequeño empujón y esta ya estaba
subiendo a través de la soga. Al llegar arriba Gorka la sostuvo de una mano y
la ayudó a subir segura. Y así continuaron subiendo uno a uno hasta que los nueve
estuvieron arriba.
Kimo se mantuvo al lado de Leo. Aprovechando el silencio que todos
mantenían le habló –Supongo que Saúl es libre ahora- Leo lo miró y en sus ojos
estaba reflejado lo atribulado que se sentía, después de todo durante muchos
años Saúl había sido su divertida competencia directa, ellos cuatro habían sido
alguna vez los únicos en confianza para conversar, practicar y molestar, lo que
les había mantenido con ánimos. Kimo con el ánimo bajo le animó –Vamos, queda poco para
llegar a Oris- Leo le sonrió condescendiente.
Dairon caminaba junto a Siara. Este no comprendía que le sucedía, pero
no sentía deseos de alejarse de ella, pensar que ella podía morir lo hacía
sentir horrible. Si le recordaba a Malú o simplemente le gustaba su presencia
no podía descifrarlo, sin embargo reconocía que sus deseos de mantenerla junto
a él eran impropios ya que tarde o temprano debía entregarla de igual manera.
Siara se sentía agradecida de que Dairon se diera el tiempo y el ánimo después
de lo ocurrido de mantenerse junto a ella conversándole. –Yo, en el lugar que
vivía, trabajaba en un restorán de comida rápida- Dairon mantuvo una expresión dubitativa
por unos cuantos segundos, y Siara aunque triste rió cálida y divertida
explicándole –Es igual que cualquier restorán pero hacen todo el tiempo el
mismo tipo de comida, no tienen diferente menús, y las comidas son
preparaciones fáciles, por ejemplo yo me disfrazaba de hamburguesa, y las
hamburguesas se fríen en aceite, y se colocan en un pan…- Siara podría haber
continuado con su historia pero se percató de que Dairon no comprendía lo que
estaba diciendo y se sonrió, -Mejor cuéntame tú, ¿qué haces con tú vida?-
Dairon se sintió perplejo ya que no tenía ninguna respuesta concreta para esa
pregunta, de repente sintió que realmente no hacía nada con su vida, solo
servir a Ulises. Siara se sintió incómoda de que él no tuviera nada que
contestar, pero antes de que dijera nada Dairon contestó reflexivo –Mientras que
algunas personas viven el día a día como tú, otros, dejamos ese día a día por
algo concreto y obteniendo eso quedamos conformes como para entregar nuestras
vidas- Siara se sintió deprimida ante esa respuesta ya que parecía tener un
millón de matices, no podía imaginar que podría haber ocurrido en la vida de
Dairon para que fuera capaz de dejar de vivir a cambio de algo.
Siara le tocó
el brazo de manera amable y le dio unos golpecitos en modo de cariño
–Igual debes aprender a vivir Dairon, las personas vivas debemos vivir, ya que
el mundo es para eso-.
Leo soltó un suspiro, se sentía inquieto de que Siara y Dairon
caminaran tan cercanos, sin embargo no se atrevía a intervenir por posibles
aprensiones que podían crear los demás. Además ya estaban en presencia del
fuerte de Oris y solo quedaban unos cuantos pasos para llegar a la entrada.
Siara dejó la conversación cuando presenció la entrada hacia el fuerte, quedó
impresionada ante una imagen tan magnífica y majestuosa.
Las puertas del fuerte Oris se abrieron y a Siara le llamó la atención
la cantidad de guardias que custodiaban la entrada. El fuerte en sí generaba
respeto, este castillo hecho de piedras se encontraba rodeado de hermosos
jardines que no parecían tener final, protegido por una gran cantidad de
guerreros. Un hombre de alrededor cincuenta años salió a darles la bienvenida y
a Siara le llamó la atención el asombro con el que la miraba el hombre. Leo
carraspeó y pidió encontrarse con Gadel lo antes posible y el señor les hizo un
además para que lo siguieran.
Por dentro el fuerte era fabuloso, al menos la sala de visitas. De los
muros colgaban unos cuadros exóticos, también habían plantas y hermosos
tapices. Siara se preguntaba quién podría vivir en un lugar tan hermoso. Al
mirar hacia el pasillo que daba hacia los adentros de la gran mansión vio a una
mujer detenida mirándolos fijamente. Habría sido imposible que pasara
desapercibida la hermosura de la mujer, que debía tener aproximadamente unos
veinticinco años. Esta era alta de cabello ondulado color castaño claro y de
largo hasta los muslos, su test era pálida pero la hacía lucir elegante, sus
ojos eran hermosos de color esmeralda sin embargo mostraban frialdad y
severidad, toda su perfecta figura relucía aun más en ese bello vestido compuesto por una camisola con escote en V que cubría hasta los muslos echa de
brillantes dorados y azules y cubierta por una falda larga desde la cadera
hasta los tobillos de seda azul con un tajo en uno de los lados desde la cadera
hasta el pie. Siara no podía quitar la vista de lo mucho que mostraba el
vestido y lo hermosa que lucía aquella mujer, pero volvió en sí cuando oyó a
Leo saludar –Señora Haridian, ha sido muy amable de honrarnos con su
presencia-, el resto de los hombres procedió a realizar la misma reverencia. Haridian los honró con un breve saludo cortés y caminó curiosa hacia Siara sin
quitarle los ojos de encima. Siara se sintió muy incómoda ante el estudio al
que la sometía aquella mujer pero no encontraba educado llevarle la contra. Leo
no se sintió cómodo al pensar en cómo debía sentirse Siara ante el escrutinio al
que era sometida y antes de darse cuenta estaba caminando en su dirección.
Siara sintió que alguien firme pero delicadamente la tomaba de un brazo
colocándola segura detrás de él –Su esposo, ¿tardará mucho en honrarnos con su
presencia?-. Siara se sintió muy augusto y protegida ante la presencia de Leo y
se sujetó de sus prendas tímidamente, mientras que este se regañaba a sí mismo
por no ser capaz de contenerse.
Kimo y Beñat no daban crédito a lo que Leo
acababa de hacer, ni siquiera Haridian podía todavía recobrar su expresión
severa en el rostro. Más bien parecía incrédula y pasaba su mirada de Leo a
Siara repetitivamente como si intentara buscar una respuesta. Antes de
responder, su esposo apareció en la puerta para contestar él mismo –Leo, has
llegado- se acercó hasta ubicarse a su lado y le pasó un brazo por los hombros
brindándole unos pequeños golpes de alegría -no sabes lo inquietos que
estábamos esperando por ti- ve hacia el lado de Leo y nota la presencia de
Siara quien sostenía a Leo de las ropas de su brazo lo que lo impresionó -así
que esta es la muchacha-, se sonríe, -es más hermosa de lo que todos
pensábamos- Leo se sintió incómodo ante ese comentario y no fue capaz de
responder. Haridian sintió celos de la presencia de Siara -Querido, deberíamos
ser atentos con nuestros huéspedes, dejemos que descansen, más tarde podemos
proceder a presentarnos- Gadel pareció estar de acuerdo e hizo llamar a la
servidumbre para que llevaran a los invitados a sus habitaciones.
Haridian llevó ella misma a Siara a su dormitorio lo que inquietó a
Leo.
Camino a la habitación ninguna pronunció una sola palabra. Una vez adentro
Haridian se mantuvo analizando a Siara, quien incluso si estaba incómoda no pudo
disimular su expresión de asombro y alegría ante lo hermosa que era la
habitación. –Fácilmente puedo ver que te gusta-, Siara volvió su vista hacia
Haridian y le sonrió cordialmente –Es muy hermosa, no parece la habitación de
un huésped- Haridian se sonrió altanera y contestó con un media sonrisa
burlesca –Aprovéchala-, luego se dio la vuelta y se retiró de la habitación.
Al cerrar la puerta, aún sin soltar la manilla vio a Leo entrando en
la habitación de al lado, este le dedicó una corta mirada y entró a su
habitación. Haridian ardía en ira, no entendía por qué Leo debía dormir en el
dormitorio continuo al de esa mujer y se apresuró a ir a la sala de estar de su
marido. Gadel, al ver a Haridian irrumpir en su habitación supo enseguida cual
era el motivo de su visita. -No deberíamos permitir que algunos de nuestros
hombres durmiera cerca de esa mujer- Gadel cerró unos escritos que repasaba y
se levantó para guardarlos dentro de un estante -Hasta cuando Haridian, después
de ocho años se supone que lo olvidaras…- Haridian se sintió avergonzada y
enojada y Gadel continuó caminando hacia ella -Todo debe ocurrir como debe
ocurrir, nada pasa solo porque sí, niña tonta -le sostuvo el mentón con su mano
y la miró conciliador -¿puedes entender eso?- Haridian sintió un tremendo
pesar, jamás había estado conforme con el modo en que se desarrollaba su vida
pero no fue capaz de responder nada, por lo que se limitó a besar en la mejilla
a su esposo y sonreírle para luego salir de la habitación.
Leo se encontraba en su habitación pensando en cómo iba creciendo toda
esta situación. Haridian había sido su único amor, al menos eso creía. Ella
tenía solo un año menos que él, se habían conocido en el fuerte de Abar cuando
ella tenía ocho años. A esa corta edad, ella y veinte niñas más fueron
seleccionadas y llevadas al fuerte Abar para ser instruidas en las labores de
la nobleza, ya que en un futuro serían tomadas como esposas de hombres
importantes y debían conocer acerca de política, armas, y reglas de la
sociedad. Leo y Haridian se habían conocido por casualidad en los alrededores
del fuerte, recordaba muy bien cada detalle: él cazaba y le había dado a un
Jarú, éste es un animal pequeño que de apariencia es muy lindo pero su carne es
muy tierna para comer, entonces Haridian que deambulaba por los alrededores había comenzado a llorar reclamando por la vida del jarú, y Leo la había reprendido
por andar deambulando por la zona de caza, ya que podría haberla herido. Unos
días después Leo había capturado un Jarú y cuando tuvo la oportunidad de volver
a ver a Haridian se lo regaló para que cuidara de él. Desde ese entonces él
siempre se mantuvo cerca de ella cuidándola. A medida que fueron creciendo su
amistad también, hasta el punto que Haridian se volvía cada vez más rebelde y
quería desistir de su matrimonio con Gadel. A causa de esto fue severamente
castigada a golpes. Aún con el amor que le sentía a Leo su miedo era más grande
y accedió a realizar el matrimonio. Leo recordó la paz que sintió cuando ella
aceptó, ya que no sabía cómo viviría pensando que ella pudiera morir por su
culpa, pero una parte de él anhelaba que ella se mantuviera firme en su
decisión ya que incluso a la muerte en ese entonces él la hubiese seguido. Antes de que ella se fuera del fuerte le hizo a Leo prometer que una vez que
encontrara esa piedra le pediría a Ulises que la liberara y que la haría su
mujer, y Leo desde ese momento había anhelado que ese día llegara pronto. Pero
ahora todo parecía diferente, Haridian estaba más hermosa que nunca sin embargo
no tenía espacio en sus preocupaciones para ella, al contrario, todo trataba
acerca de Siara: Siara con sus reclamos, Siara con sus historias, Siara con sus
preguntas, Siara con su carácter con y sin orgullo, sin rencores ni odios,
demasiado amistosa; además de tener que centrarse en mantenerla a salvo para
llevarla hasta el fuerte Moniel, dónde se encontraba Ulises. De repente entre
tantos pensamientos se sintió asfixiado, se acercó a su mochila y en ella buscó
una daga, quería jugar a lanzarla al blanco, pero se encontró con algo que capturó su atención: El Nimis que le
había regalado Siara. Lo sacó y terminó por sacar la daga también, entonces
salió de su habitación y caminó hacia la terraza que había al final de ese
pasillo con el fin de tomar el aire fresco.
Leo se afirmó en el muro y comió del Nimis que le había obsequiado
Siara. Su rostro no pudo mantenerse impasible, la sensación de regocijo afloró
y sinceramente disfrutó de algo en paz. Kimo apareció en la terraza y se sonrió
al ver a Leo disfrutando –Parece como que esa mujer puede leer los
pensamientos de las personas-, Leo solo lo miró sin contestar nada y le ofreció
del Nimis. Kimo comió solo un mordisco y se lo devolvió –Haridian, hoy lucía
muy enojada, me temo que puede…- Leo suspiro cansino –Si, espero que ese no sea
el caso- Kimo comentó lo ansioso que estaba de ver el desenlace de todo, qué
sucedería con Siara, cuál sería el final de todos ellos, si serían capaces de lograr
el objetivo, sin embargo se detuvo al notar que Leo parecía desanimado con el
tema, parecía que éste ya no estaba totalmente seguro de querer ver el final de
todo.
Al otro día, temprano en la mañana todos comían en la gran mesa de
Gadel. La mesa estaba repleta de dulces manjares y exquisiteces de tal modo que
todos los hombres de Leo parecían disfrutar mucho su mañana, pero Leo se
encontraba distraído ya que Siara no bajaba a acompañarlos, incluso Haridian se
sentía curiosa de que Siara no apareciera aún. Una de las mujeres de la
servidumbre le informó a la señora que muy temprano el señor Gadel había
acompañado a la señorita afuera para mostrarle los alrededores y los animales,
lo que la tomó por sorpresa al igual que a Leo que repentinamente se levantó de
la mesa agradeciendo cortésmente por la comida.
Siara había disfrutado de una mañana muy placentera junto a Gadel,
este tenía un carácter muy solemne para ser tan joven, apenas tenía treinta y
siete años y parecía muy culto y dotado de habilidades. Gadel se había dedicado
a enseñarle los alrededores y algunos animales de los cuales extraían leches o
pieles, entre otras cosas, sin embargo los que llamaban más la atención de
Siara eran los animales que cabalgaban los guerreros. Conversando
simpáticamente Siara le había confesado a Gadel lo interesante que le parecía
aprender a dominar el arte de la guerra, además de montar uno de esos extraños
animales, a lo que Gadel había reaccionado asombrado y divertido accediendo a
cumplirle a Siara algunos de sus deseos.
Leo encontró a Gadel y a Siara cerca del campo de entrenamiento de montura y se detuvo para observar como éste intentaba montarla sobre un Meitu. Este era un animal tan alto como una persona, ancho y plomo, su piel era muy
fría y dura y su cabeza igual de grande y ancha que su cuerpo. A leo no le
agradó demasiado ver las manos de Gadel cerca del cuerpo de Siara y caminó
hacia ellos. Siara se encontraba con el cuerpo a medio subir al Meitu y Gadel
le sostenía los pies con sus manos para que ella pudiera acomodarse cuando fueron
interrumpidos por Leo. Gadel pareció asombrado de ver a Leo, a la vez que un
poco meditabundo y soltó a Siara quién quedó con el cuerpo a medio subir, esta
dijo sin más interrumpiendo el silencio extraño que hubo por un corto y
revelador momento –Alguien… podría ayudarme a subir-, Gadel se sonrió burlesco
y sabiondo, y se retiró sin decir nada a lo que Leo no dio importancia acercándose
a Siara para ayudarla a montar bien el animal.
Leo sujetó firme las cuerdas con que el animal era manejado y comenzó
a caminar delante del animal guiándolo, con Siara arriba. Ambos iban en
silencio y Siara no parecía disfrutar mucho de aquel paseo a lo que Leo
consultó -¿Por qué llevas esa expresión? Para levantarte tan temprano, ¿no
deberías estar feliz de montar un Meitu?- Siara suspiró y reconoció
desilusionada que no era tan divertido como ella imaginaba a lo que Leo como
respuesta detuvo el andar del animal. Siara pensó que lo había molestado y que el
paseo acabaría de inmediato, sin embargo Leo se ubicó junto al animal y lo
montó posicionándose detrás de ella. Leo se sintió inquieto de estar tan cerca
de ella sin embargo también estaba cómodo y le advirtió –Sujétate firme- mientras
la sostenía firme por el estómago acercándola a él. Siara asintió y sujetó la
mano del brazo con el que Leo la sostenía sintiendo escalofríos al asimilar lo
cerca que estaban. Entonces Leo puso a andar a toda velocidad al animal lo que la asustó. Siara continuaba con la cabeza gacha y los ojos cerrados y Leo se
sonrió irónico, entonces intentó sosegar –Deberías mirar, no llevo en paseos a
cualquiera- como respuesta Siara lentamente comenzó a levantar la vista
y apreciar el paisaje, finalmente convencida por la exquisita sensación del
viento acariciando su rostro levantó totalmente la cabeza y comenzó a reír
limpiamente de entusiasmo, haciendo sentir a Leo alegre y satisfecho.
Al llegar a la cima de un monte Leo comenzó a disminuir la velocidad
del animal para que pudieran observar lo glorioso que lucía Oris. Siara comenzó
a comentar acerca de lo hermoso del lugar sin percatarse de que aún sostenía la
mano de Leo, al caer en cuenta de que sostenía su mano comenzó a arrastrarla
muy lento para quitarla disimuladamente y Leo la detuvo sujetando su mano. A
Siara se le agitaron todos sus sentidos y quedó petrificada por un instante. Tímida
y lentamente comenzó a girar su cabeza hacia Leo para ver su rostro y por unos
segundos ambos permanecieron viéndose a los ojos. Siara comenzó a sentirse
acalorada ante la mirada de Leo que arrogante y cauteloso recorría lentamente sus
perfiles, perfiles que con el tiempo adquirían un color diferente para él,
entonces Leo se vio amenazado por unos urgentes deseos de besarla. Siara estaba inmóvil y su
corazón más agitado que nunca, en el fondo deseaba que él se atreviera a
besarla ya que inconscientemente ese había sido su deseo casi desde el momento
en que lo vio por primera vez. Leo soltó su mano bruscamente dejando a Siara
desconcertada y en breve sin decir palabra alguna golpeó agitado al animal
con los pies para regresar. Regresaron a toda velocidad al fuerte, Leo parecía
cabalgar con furia totalmente inmerso en sus pensamientos. Siara no entendía
porque él había reaccionado así, desde el momento que sujetó su mano hasta que
bruscamente cambió de actitud, también reflexionó acerca de la sensación que
Leo le provocaba. Por primera vez en su vida se sentía perfecta junto a
alguien, estando junto a él se sentía
segura y feliz, tranquila y apasionada, sentía como se llenaba de vida a su
lado y entonces comenzó a deprimirse pensando si era posible enamorarse de ese
hombre.
Al llegar al fuerte, Leo bajó del animal y comenzó a caminar en dirección
a la entrada sin dirigir ni una sola mirada o palabra a Siara. Siara no podía
dar crédito de que la dejara sobre el Meitu sin siquiera preocuparse de
ayudarla a bajar y murmuró para sí misma maldiciendo –claro… que hombre más
caballero- y saltó abajo.
Gorka y Dairon vieron a Leo apresurado pasar por su lado y cuando
volvieron la vista hacia el frente divisaron a Siara saltando del Meitu. Dairon
corrió hacia Siara preocupado de que se hubiese hecho algún daño al saltar y
Leo antes de entrar al fuerte dio una corta mirada en su dirección sintiéndose irritado
por la atención que Dairon le prestaba a Siara.
-¿Estás bien?- Dairon sujetó amablemente el brazo de Siara para
corroborar y Siara le respondió con una amable sonrisa. Gorka llegó junto a
ellos y dándole al Meitu unas palmadas de orgullo le dijo a Siara –Veo que has
aprendido a montar un Meitu, no es cosa fácil ¿eh?- Siara contestó modesta que
ella no había hecho nada, sino que Leo la había llevado, Dairon se sintió un
poco envidioso y le preguntó a Siara -¿Hay algo más que te gustaría aprender?-
Siara miró hacia el cielo como si buscara ansiosa una respuesta hasta que
alegre y motivada golpeó sus palmas y les respondió –Enséñenme a usar una
espada o una daga- Gorka y Dairon parecieron un poco confusos, ambos se vieron
y no parecían tener mayor problema así que accedieron, entonces Siara los tomó
por sorpresa cuando los sostuvo a ambos por el brazo y comenzó a conversarles
acerca de lo mucho que siempre había soñado con aprender a hacer cosas como esas,
de lo sexy que le parecía que lucían las mujeres que sabían luchar y de la
gloria… Ambos, Dairon y Gorka parecían no estar de acuerdo con Siara en varios puntos
pero les parecía muy divertido y emocionante oírla conversar con tanto
entusiasmo acerca de cosas que ellos siempre habían considerado tan triviales.
Leo acababa de entrar al fuerte y encontró a Gadel sentado en un
sitial mientras leía, de seguro esperando por él. Caminó hacia Gadel y se ubicó
a su lado manteniéndose silente ante la espera de lo que Gadel tenía por decir.
Gadel continuó absorto en lo que leía por unos minutos y al terminar bajó el
libro marcando la página en la que había quedado con una hoja que destilaba un
aroma muy agradable, entonces se dispuso a mirar a Leo lo que de alguna forma y
por algún motivo puso a este muy incómodo. Gadel se levantó del sitial,
alcanzando a Leo en altura y le anunció en tono grave que debían conversar,
invitándolo con un gesto de su brazo a pasar a su oficina. Sin objeciones y no
con mucha curiosidad Leo caminó directo hacia el lugar.
Una vez adentro Gadel se dirigió hacia uno de los extremos de la
habitación y de un mueble extrajo una botella que contenía un licor muy caro que
era elaborado en sus propias tierras, ofreciéndole a Leo. Entonces procedió a
hablar –Siara probablemente no sea la clase de persona que esperabas- suspiró
incómodo y expresó un gesto de decepción con la boca -o que esperábamos. Su
carácter si bien es todo lo que anunciamos… en persona es fascinante- clavó la
mirada en el techo como quien debe dar la mala noticia -pero no debes olvidar
que ella porta la última piedra Leo- clavó la mirada en Leo -así que debes mantenerte
fiel a tus principios y a la causa- A Leo lo hizo sentir incómodo el tema, se
sentía como si todos pensaran que reaccionaría como un niño caprichoso en vez
de como el hombre que tras años de encierro y entrenamiento se había vuelto
capaz e inteligente. También se sintió inseguro, ya que en su interior cabía la
pequeña posibilidad de qué en verdad quisiera cambiar todo este destino. No se
atrevió a contestar de ninguna manera y Gadel rehízo el ambiente liviano brindando
por el hecho de que llegaran a Oris sin mayores inconvenientes.
Siara estaba frente a frente con Gorka, ambos lucían muy concentrados
mientras sostenían unas espadas hechas de madera. Gorka realizó el primer
movimiento y Siara lo evitó con bastante
agilidad, sin embargo en recuperar la compostura fue lenta por lo que Gorka la
dejó fuera del duelo enseguida. –Si fuera esta la vida real estarías muerta
pequeña- y quitó su espada de la posición en dónde la tenía amenazada -Dairon
entra- dijo Gorka y Siara le entregó su espada al nuevo competidor. Ambos
lucían con exceso de confianza en sí mismos, Siara pensó que se demoraría mucho
en volver a entrar al combate si ambos eran tan buenos como irradiaban sus
egos, pero decidió que mientras tanto observaría y aprendería técnicas. Dairon
hizo el primer movimiento y chocaron sus espadas, Gorka mantuvo su espada unida
con la de Dairon haciendo fuerza para alejarlo, desestabilizarlo y dar el golpe
pero Dairon ágil sacó su espada y se giró hacia el lado izquierdo
desestabilizando a Gorka y dando el tiempo suficiente de que ambos volvieran al
combate. Luego Gorka comenzó a atacar y Dairon esquivaba muy diestro los
estoques, entonces Dairon cambió de posición de defensa a ataque. Mientras ambos
luchaban comenzaron a llamar la atención de los demás, incluidos algunos
cuidadores del fuerte; y comenzaron a vitoreas para dar ánimos. Finalmente
Gorka venció a Dairon y este le dio un apretón de manos a modo de respetos.
Luego los demás quisieron participar y toda la tarde hicieron juegos de
enfrentamientos donde al final lucharían los mejores.
Siara se había divertido bastante pero le pareció inquietante ver y
continuar viendo sin ser considerada en el juego, además que si era considerada
no tendría ninguna posibilidad por lo que decidió entrar al fuerte para
intentar convencer a las cocineras de que le dieran alguna delicia para comer. Mientras
iba de camino a la cocina que quedaba en el fondo del fuerte oyó la voz de Leo
venir desde un cuarto. Siara entró y apreció lo femenino de los colores con los
que estaba pintada la habitación además de estar rodeada de hermosos cuadros y
lienzos en blanco que parecían que pronto serían llenados de color. Caminó
hacia la terraza del cuarto, que era desde donde provenía la voz con la
intención de preguntarle si quería hacerle compañía, pero cuando casi llegaba a
la cortina que dividía la estancia descubrió quien era la persona que
conversaba con Leo y quedó atónita. Pensó en salir del cuarto enseguida pero
algo la detuvo y se mantuvo inmóvil esperando con gran expectación a oír su
conversación.
Haridian se encontraba sentada en una banca mientras que Leo disfrutaba
la vista que ofrecía el horizonte apoyado en el medio muro que bordeaba la
terraza. – Sabes que tengo una mascota ¿cierto?- Le preguntó Haridian, este la
miró apacible contestándole –No, no sabía- Haridian se sonrió y con mucha
nostalgia agregó –Es un Jarú- Leo pareció sorprendido y también se sonrió pero
luego volvió a mirar hacia el horizonte –Ya Haridian... ¿No crees que es hora
de dejar ir esos recuerdos?- Haridian se mantuvo silente por unos instantes
mientras en su rostro se reflejaba amargura y preocupación, impulsiva se
levantó de la banca y apretó el brazo de Leo para que éste se girara a mirarla
-¿Qué, es hora de dejar ir? ¿Tú, estás bromeando en estos momentos? ¿Sabes
cuánto he esperado por ti?- Haridian comenzó a llorar pero sus lágrimas no
parecían llenas de tristeza sino más bien de rabia, Leo solo la observó y
Haridian continuó -¿Es por ella?- Preguntó en un tono despectivo –Esa mujer que
mientras ha estado viviendo y siendo feliz te ha mantenido preso durante casi
treinta años- Leo intentó acallarla pero Haridian solo continuó –No recuerdas
acaso, tú, que has sido brutalmente castigado, que te criaron solo como a un
animal y peor, como si fueras una máquina que no merece nada y solo sirve para
algo ¿Ya no odias a esa mujer?- intentando detener su llanto y llena de odio
siguió –Pues deberías, porqué solo cuando ella muera tú empezarás a vivir- Le
apretó el brazo más fuerte –Si piensas de otro modo serás tú quién muera, y de
paso todos los que te siguen- Soltó su brazo con fuerza y continuó llorando
pero este parecía un llanto realmente desdichado y decepcionado –Me lo
prometiste, tú…- Antes de que dijese otra palabra Leo se le acercó con una
sensación de peso en su interior y la abrazó consolándola –Basta, Haridian, yo
sé lo que tengo que hacer- Haridian continuó llorando cabizbaja y Leo le brindó
pequeños golpecitos en su espalda reconfortándola mientras en su interior se
desataba una guerra de sentimientos que lo hacían sentir débil, confundido y
desesperado.
Siara aún estaba inmóvil y en sus ojos afloraban lágrimas sin embargo
estas no salían por la impresión, aún no procesaba por completo toda la
información que acababa de oír, se llevó una mano a la boca como si la amargura
fuera a salir desde allí y ella estuviese cerrándole la puerta, entonces miró
hacia la terraza como si pudiera ver a través de las cortinas o como si
esperara oír algo más y reaccionó saliendo tan rápido como pudiese del cuarto.
Esta vez no caminó hacia la cocina sino hacia el exterior pensando que quizá un
poco de aire fresco la haría reflexionar y apaciguar.
Kimo vio a Siara salir y la notó extraña, entonces imaginó que tal vez
había discutido con Leo. Inmersa en sus pensamientos solo podía oír en su cabeza
–Solo cuando ella muera tú empezaras a vivir, de otro modo serás tú quien
morirá y los que te siguen- No entendía nada, qué clase de lugar era éste,
porqué él si era mayor que ella había nacido para buscarla, si acaso sería
verdad que él siempre había estado solo. Se sintió culpable del destino de Leo,
incluso ahora podía entender porqué él siempre la trataba con tanto desdén.
Izan se cruzó en el camino de Siara y al verla tan distraída la siguió -¿Siara?
¿Qué sucede?- Siara espabiló y tristemente le sonrió – ¿Estás bien? Te ves
rara- Izan intentó sonsacarle a Siara el porqué de su triste expresión – ¿Es
porqué no pudiste participar en el juego? Porqué si es por eso, tal vez yo
podría al menos enseñarte a usar el arco- Siara no quería sonar pesada por lo
que le contestó a Izan que sería espectacular aprender a usar el arco, entonces
Izan le pidió que lo esperara mientras él iba por el arco. Siara quería
retroceder un par de minutos atrás para borrar ese momento, esas palabras
realmente la habían perturbado.
En instantes Izan y Siara practicaban. Izan le mostraba con él como
ejemplo como se debía sostener el arco y la flecha, y luego lanzó dándole justo
en el centro a un fruto que había conseguido como blanco. Siara intentó
imitarlo pero en el primer intento la flecha cayó tal como si fuera una broma
en sus pies, sin adquirir velocidad, solo se resbaló dejando a Izan incrédulo a
causa de la poca habilidad que podía demostrar alguien para la lucha, Siara le
sonrió y recogió la flecha –Tranquilo, tranquilo, intentaré otra vez- Y otra
vez se acomodó en la posición que había aprendido de Izan pero obtuvo el mismo
resultado, el rostro de Siara esta vez reflejó frustración pero de un modo muy
cómico e infantil mientras se reprendía ella misma. Izan vio a Leo llegar y Leo
soltó una risotada al ver lo mala que era Siara para hacer algo tan fácil,
entonces Siara se giró y vio a Leo y le respondió molesta -¿De qué te ríes?
Esto no es tan fácil como se ve- Leo caminó hacia ella le quitó el arco,
recogió la flecha y disparó, acertando perfectamente en el fruto, y la vio
altanero y burlesco. Siara le arrebató el arco y avergonzada se desquitó –Si,
eres bueno Leo, pero tú has practicado mucho, casi toda una vida ¿no es
cierto?- Leo quedó sorprendido por el repentino ataque de Siara y le pidió a
Izan que le alcanzara otra flecha, entonces Izan se les acercó y le entregó una
flecha a Leo –Leo, por favor no le dispares a Siara- Leo vio a Izan y le
pareció divertido que se atreviera a bromear dándole un golpe conciliador en el
brazo y amigable contestó –Tranquilo, al menos no pienso matarla- y Siara
lo miró enojada y agregó a la oración de Leo –Aún-. No sabía por qué decía
todas esas cosas sin sentido y que sin duda dejaban más que claro lo molesta
que se sentía, ni siquiera entendía por qué estaba molesta si hasta hace poco
estaba triste por Leo. Le arrancó a Leo la flecha de sus manos e intentó
acomodarla otra vez en el arco, sin embargo sus manos se volvieron más torpes
de lo habitual a causa de los nervios que sentía de ser ridiculizada en frente
de él. Casi como si Leo pudiese leerle los pensamientos se movió ubicándose más cerca de ella, y tal como la guió en el
Meitu puso sus manos sobre las de ella para que estas recobraran su estabilidad
y las ajustó en la posición correcta. –Debes hacerlo así- Siara podía sentir la
cálida sensación que le producía oír a Leo y ya se sentía reconfortada -ahora
cierra tu ojo izquierdo e intenta dar en el
centro del objeto que quieres alcanzar- Leo disfrutaba de la situación
mientras que Izan veía un tanto incómodo -y entonces-, soltaron la
flecha, –Sueltas- la flecha dio justo en el centro del fruto. Siara todavía no
asociaba que lo había logrado, parecía tan sorprendida, por lo que leo la sacó
de su ensimismamiento –Ves, ahora ya sabes- Siara se giró hacia donde Leo
estaba parado y dijo -¿Lo hice?- Comenzó a reír y a saltar de la emoción –Lo
hice ¡lo hice!- Leo e Izan parecían incómodos y divertidos ante el repentino
ataque de felicidad de Siara –si por algo dicen que la tercera es la vencida-
entonces leo la desafió –Bien ahora hazlo sola- Siara no se sintió segura de
poder hacerlo ella sola e intentando evadir el desafío le contestó –Podría
matarte, mejor no- Leo se sonrió y asintió como si accediera a dejar el desafío.
Izan se levantó de donde estaba sentado interrumpiéndolos y les comentó que ya
parecía ser hora de ir por algún bocadillo.
Todos descansaban ansiosos de que empezara el nuevo día para emprender
el viaje camino a Moniel, sin embargo Leo se sentía inquieto y no podía dejar
de dar vueltas en la cama pensando en el por qué de la vitalidad de llevar a
Siara a Moniel, incluso de repente lo inundaban descabelladas ideas de si sería
posible quitar la piedra de Siara y que ella quisiese quedarse ahí con él. Se
levantó y decidió salir a despejar su cerebro por unos momentos. Al entrar al
balcón vio a Siara hermosa en una camisola de dormir, el color blanco de esta
la hacía lucir resplandeciente, y el satín provocaba que la camisa se adhiriera
perfectamente a su cuerpo. Antes de que ella se percatase de su presencia él
intentó retirarse pero fue demasiado tarde –Ah, estás aquí también- Leo se giró
lentamente para mirarla entonces Siara prosiguió – ¿Tampoco podías dormir?- Leo
asintió y caminó hacia ella -¿Qué veías tan atenta?- Siara apuntó al cielo
–Noté que el cielo luce muy diferente que como luce en mi casa-, Leo se sonrió y
Siara suspiró –Cuando te conocí pensé que nunca reías- Leo se sintió nervioso,
dentro de sus propios recuerdos no habían ocasiones donde reír fuera cómodo y
divertido pero no contestó nada, luego recobró su apariencia fría y se despidió
cortésmente –Me retiro, buenas noches-. Mientras caminaba para entrar al
pasillo Siara lo detuvo -¿Sabes Leo?- Leo se tensó, se sentía cálido escuchar
su nombre saliendo de la boca de Siara –Yo siempre he sido feliz, sin importar
qué…- Leo la interrumpió sospechando del origen de sus palabras y se giró
cauteloso -¿Por qué sales con eso?- Siara lo miró a los ojos –Vivir… no
significa hacer las cosas que uno quiera, por supuesto que alcanzar eso produce
una gran satisfacción, pero vivir, es disfrutar con las cosas que si contamos
en el presente- Siara echó un vistazo al lugar que los rodeaba –Como esto,
comer, ver, respirar, con tan solo respirar yo he sido muy feliz- Leo le creyó,
con soberbia pensaría que qué sabría ella de ser infeliz, pero bien sabía que
ella no había deseado ser raptada y sin embargo siempre tenía una historia o
una sonrisa para entregar, se sintió sofocado jamás en su vida había deseado
tanto algo como la deseaba a ella –basta Siara, no tienes por qué decirme cosas
como esas, no me interesan- nuevamente se giró e intentó llegar al pasillo pero
antes de darse cuenta Siara lo retenía abrazándolo y afirmando la cabeza en su
espalda –Tengo miedo de todo- Leo posó sus manos sobre las de ella y las apretó
odiándose por tener que actuar según lo que era correcto luego de un momento
las apartó bruscamente y le advirtió –Ese no es mi problema Siara, pronto ya no
serás más mi problema- y se retiró de la estancia. Siara se sintió muy tonta
por lo que había hecho, realmente había malentendido el corazón de Leo pero
incluso así, ella hubiese deseado decirle lo que sentía ya que no soportaba
esconder los sentimientos que surgían desde su corazón, realmente albergaba un
miedo tremendo en sí, y se había hecho aún más grande después de oír la
conversación entre Haridian y Leo.
Leo se sentó en su cama pensando en las palabras de Siara y sintiendo
arder la piel por el abrazo con que Siara lo había retenido. Como solía hacer
cerró sus manos en puños y mantuvo la respiración intentando lanzar lejos todos
esos pensamientos desalentadores que lo abordaban y así poder encontrar calma, pero
no pudo, sin duda volvería a pasar la noche en vela.
En la mañana Gadel los esperaba a todos sentado en la mesa con un
sabroso festín para que se sirvieran un buen desayuno y pudieran continuar su
camino. Uno a uno, comenzaron a aparecer. Finalmente Siara fue la última en
ubicarse en su lugar. Nuevamente lucía un traje cómodo con el que viajar el
cual había sido provisto por Haridian y era mucho más hermoso que el anterior. Un pantalón café
con botas negras que llegaban a sus rodillas, una polera negra manga larga y
holgada cubierta con una chaqueta sin mangas de color café la cual se amarraba
con un cinturón. Siara se sentía bastante cómoda, la ropa era perfecta para
circular por cualquier camino. Aunque muy en el fondo no podía marginar los
nervios y la ansiedad que la invadían, pensar que otra vez saldrían del fuerte
y sus raptores nuevamente estarían en peligro, eso la hacía sentir terror.
El desayuno fue incómodo, el ambiente estaba tenso y la persona que
más solía hablar se encontraba angustiada por lo que no emitía palabra alguna.
Sin embargo, como si nadie quisiera que acabara el momento todos comían muy
lento, cada uno con diferentes ideas y pensamientos. Al terminar comenzaron a
levantarse para ir en busca de sus armas.
Haridian acompaño a Siara a la entrada. Aunque por unos instantes
ambas se mantuvieron silentes, Haridian decidió romper el hielo –Yo y mi marido
los acompañaremos hasta el linde con el camino que los lleva a Moniel- Siara se
sorprendió y se alegró también, si era así significaba que irían resguardados
por parte de la guardia del fuerte y eso era sin duda gratificante.
Los hombres
tomaron sus posiciones y las puertas del fuerte comenzaron a abrirse para de
una vez emprender el viaje. Bastantes hombres de la guardia iban sobre los
Meitu, mientras que los hombres más importantes iban todos a pie rodeados por
los que montaban. Siara como siempre se encontraba posicionada en el centro del
grupo, le llamaba profundamente la atención ver que Haridian cabalgara en uno de
los Meitu y aunque todavía se sintiera un poco celosa no podía dejar de
encontrar que se veía espléndida.
A penas habían caminado un par de kilómetros cuando comenzó un gran
alboroto. Su corazón se sintió como si se detuviera y su cuerpo se puso gélido.
Del cielo cayeron lluvias de flechas con las cuales varios hombres de la
guardia resultaron heridos, entre ellos también Xavi. Rápidamente levantaron
sus escudos para protegerse de la lluvia de flechas pero desde las espesuras
del bosque comenzaron a aparecer guerreros. Haridian golpeó al Meitu con los
pies y echó a correr aniquilando con su sable a cuanto guerrero se le cruzara por
delante.
Kimo mantenía a Siara cerca de si cubriéndola con su escudo. Leo
luchaba con dos guerreros pero rápidamente analizó que estaban siendo
sobrepasados, decidido corrió hacia donde estaba Siara –Sígueme- y la tomó de
la mano echando a correr en dirección hacia Haridian. Dairon e Izan le cubrían
la espalda mientras lanzaban flechas a los demás para mantenerlos alejados, y
Kimo le ayudaba a dar abasto por delante. Haridian los vio aproblemados y con
el Meitu llegó rápidamente donde ellos para pedir indicaciones, entonces Leo le
ordenó –Saca a Siara de aquí, escóndase y no llamen la atención; y a penas
disminuya un poco la tensión llévala de vuelta al fuerte y avisen a los demás- Haridian
le ofreció la mano a Siara, pero antes de que esta la aceptara Leo la tomó por
los hombros acaparando su atención y procedió a quitarse el abrigo que lo
protegía del frío. Ante la vista atónita de todos tomó la prenda y la pasó por
detrás de Siara asegurándose de abrocharle los botones, sin ser capaz de
mirarla ni un momento a los ojos, luego le hizo el gesto para que ella montara.
Siara se giró descorazonada y sujetó firme la mano de Haridian que parecía
ausente y molesta, entonces Leo le dio un empujón para ayudarla a subir, y ambas
desaparecieron de la vista de todos.
Haridian diestramente alcanzó a evitar unas cuantas flechas que
intentaron detenerlas, pero más temprano que tarde tuvo que tomar la decisión
de junto con Siara lanzarse del Meitu. La persecución hacia ellas era implacable,
ambas rodaron unos cuantos metros por el suelo. Haridian se levantó rápidamente
y ayudó a Siara a levantarse. Juntas corrieron hasta refugiarse entre unos de
los arbustos que había en el camino. Haridian estaba muy agitada –Dios, no sé
si podamos lograrlo- Siara miró desde los arbustos hasta donde se encontraban
todos peleando –No alcanzamos a alejarnos nada, se ve todo desde aquí, ¿qué
debemos hacer?-, Haridian vio y pensó en algo que le producía mucho desaliento
–Tendremos que escondernos aquí hasta que esto pase, entonces veremos- Siara
volvió a mirar por entre los arbustos y se sintió terrible pensando que vería
morir a personas con las que esa misma mañana había compartido.
Xavi no podía hacer mucho con su hombro herido, a duras penas podía
sostener un arma y Leo lo notó, entonces intentó mantenerse cerca de él para
brindarle ayuda. En el fondo no se sentía preparado para perder a otro
compañero. Gadel luchaba con mucho ímpetu, si todos se conservaban luchando con
esa fuerza incluso podrían aspirar a ganar. La lucha se volvió incesante,
varios muertos del ejercito de Gadel y muchos cadáveres Ceunch desparramados
por todo el sector. Ya solo unos pocos se enfrentaban cara a cara, y Gadel
había anunciado a sus hombres empezar a retroceder.
Gorka y Leo se encontraban junto a Xavi, pero entre cinco Ceunch los
tenían rodeados. Gorka con su espada desestabilizó a dos Ceunch y Xavi se lanzó
con todo enterrándole una daga al guerrero en el estomago, mientras
que Gorka mataba al otro Ceunch. Leo estaba ahí dominando a tres de los
guerreros, mató fácilmente a uno y logró desestabilizar a otros dos que fueron
retenidos por Dairon y entonces de la nada Siara apareció.
Haridian y Siara estaban muy satisfechas de ver como se desenvolvía la
batalla, sus hombres realmente tenían técnica y habilidad, e incluso un
ejército de Ceunch, si era comparado con la guardia real de Ulises quedaba
bajo. Desde su posición Siara advirtió a un hombre ubicado unos cuantos árboles
más lejos, sosteniendo un arco y que intentaba fijar la punta directo a un blanco. Haridian también vio y su corazón
comenzó a latir muy apresurado, ambas vieron hacia donde el Ceunch apuntaba su
dirección.
Haridian comenzó a sentirse sofocada, sin embargo no sabía cómo
reaccionar. Salir significaría ser descubiertas, sería penalizada por no
cuidar de Siara y tampoco quería morir de esa forma. Antes de darse cuenta
Siara salía de entre los arbustos en dirección al camino donde se formaba la
batalla. El Ceunch soltó la flecha y esta ya corría a toda velocidad, mientras
que Leo lograba desestabilizar a los dos guerreros y estos eran requisados por
Dairon. Leo oyó a Haridian gritar el nombre de Siara y extrañado giró su cabeza
en sentido al lugar de origen del grito y vio a Siara muy cerca corriendo a
toda velocidad, por instinto giró la vista hacia al frente y vio la flecha que
venía en camino, pero ya era muy tarde Siara se interpuso entre la flecha y él.
Leo quedó inmóvil, igual que Siara que
abrió los ojos muy grandes y emitió un leve quejido cayendo en los
brazos de Leo que incrédulo la sostenía. Todos quedaron estupefactos,
desde los hombres de Ulises hasta los guerreros Ceunch, no lograban entender la
situación, ¿Siara arriesgando su vida para proteger a Leo? Sin duda era muy
extraño. Haridian confundida y alterada salió de entre los arbustos y corrió decidida
hacia el guerrero que había lanzado la flecha degollándolo. Mientras Kimo,
Gorka y Gadel fruncían sus ceños con tanta ira que muchos de los guerreros
comenzaron a huir considerando que habían logrado su misión que era eliminar a
Siara. Leo sostenía a Siara en el piso -¿Qué hiciste?, ¿por qué tú…?- Siara
sentía mucho miedo de morir pero ver a Leo sano le producía una alegría
inexplicable, en sus labios esbozó una sonrisa y levantó la mano para acariciar
su rostro –Yo…- El dolor la inundó y se calló. Leo se sintió nervioso, pequeño
y bajó la cabeza de impotencia y miedo. Siara bajó su mano y sostuvo la mano de
él intentando trasmitirle confianza, entonces él volvió a llevarse la mano de
ella al rostro y al igual que un niño inseguro mientras acariciaba su mano y la
olía soltó lágrimas de tristeza, más bien de amor; y Siara dejó caer la mano
entrando en un profundo sueño.
El cielo comenzó a oscurecer y a tronar con
tanto énfasis que pareció tétrico, la lluvia se desató furiosa lejos de la
estación en la que normalmente los frecuentaba, los vientos comenzaron a crecer
con tanta violencia que los árboles perdían parte de su follaje, los animales
corrían a esconderse, entonces todos parecieron comprender porque Siara debía
llegar sana y salva a Moniel.